Al peor estilo del viejo PRI, con una Comisión Especial de legisladores, el partido Morena se lavó las manos sobre la tragedia que costó la vida a la gobernadora de Puebla, Martha Ericka Alonso y a su esposo, el jefe de los senadores del PAN, Rafael Moreno Valle.

Como saben, el gobierno hizo traer a un grupo de “expertos” de Canadá, pero nunca convocó a los verdaderos conocedores de ese tipo de tragedias, los especialistas de Estados Unidos.

De esa manera, el gobierno de López Obrador mandó al olvido el escandaloso caso y será la burocracia legislativa la encargada de que la tragedia “duerma el sueño de los justos”.

Pero especialistas mexicanos en el tema de accidentes aéreos advierten que el olvido y el manoseo deliberados del caso –además de la pérdida de la evidencia en la escena de la tragedia–, pudieran llevar a que nunca se sepa si realmente se trató de un accidente o de un acto criminal deliberado.

Y es que desde el momento mismo de la caída del aparato –en el que viajaban la gobernadora y el jefe de los senadores del PAN–, nadie pareció interesado en preservar la escena y menos resguardar las evidencias.

Más aún, fue tal el desorden deliberado en el levantamiento de evidencias y de los cuerpos –además de su impensable incineración inmediata–, que luego del trabajo de los peritos canadienses, todo indica que nada positivo ha resultado de ese trabajo.

Es decir, toso sigue igual que como al principio; nadie sabe si realmente se trató de un accidente o, como muchos especulan, se pudo tratar de un evento criminal deliberado. Y como van las cosas, nadie sabrá la verdad.

Pero si por un lado son muchos los indicios de que el gobierno de López Obrador es el más interesado en “echarle tierra al asunto”, por otro lado los líderes del PAN parecen conformes con el olvido del caso.

Y es que ni la propia dirigencia del partido azul y menos los grupos parlamentarios –senadores y diputados federales–, y tampoco los gobernadores del PAN parecen interesados en el esclarecimiento de una tragedia que para más de uno es vista como una advertencia de lo que le puede pasar a aquellos políticos insubordinados.

Y si nos atenemos al refranero popular –ese que reza que “el miedo no anda en burro”–, lo cierto es que luego de la tragedia de Puebla son muy pocos los gobernadores –del partido que se quiera–, que se atreven a enfrentar de manera pública al gobierno de López Obrador.

¿Será miedo, será precaución elemental o, de plano, prefieren callar?

Cualquiera que sen las razones de lo que está detrás del silencio del PAN, lo cierto es que la democracia mexicana y sus instituciones –del partido que sean–, no puede seguir bajo sospecha.

Sí, la sospecha de que no fue un accidente.

Se los dije.