Este mes está lleno de buenos y malos recuerdos. Parece que fue ayer cuando un sismo de 7.1 grados movió a tierra y varios estados de la república sufrieron el caos.

Las pérdidas económicas fueron increíbles, las vidas que se perdieron son lamentables, pero la sociedad reaccionó de una forma incalculable. Recuerda usted cómo se llenaron las calles de buenas personas. Mexicanos que querían ayudar a quitar una piedra, que sacaron sus herramienta, que donaron su tiempo.

Recuerda usted que los puntos críticos de la capital del país estaban desbordados de buenas acciones, que se veía como llegaban camionetas con despensas, gente preparando comida, familiares que recibían aliento y consuelo de desconocidos.

Ya son dos años del temblor que nos cambió la vida, que le dio por primera vez, una vida útil a las redes sociales y nos enseñó a querernos de tal forma que cada persona muerta nos dolía como su fuera de nuestra familia. ¿Y qué nos pasó?

¿Por qué dos años después parece que somos desconocidos? No se acuerda que estuvimos codo a codo removiendo los escombros, tal vez el temblor no fue tan profundo, pero vale la pena traerlo a cuenta porque en esos días, no importaba de qué partido fueras, tu condición económica, raza u orientación sexual, sólo importaba ayudar.

Y hoy, estamos más divididos que la tierra después del sismo. Y seguimos sin estar preparados, tomando a juego los simulacros. ¿Ya sabe qué es lo que tiene que hacer si tiembla? Más vale estar listos, porque la naturaleza no da tregua y la única pregunta que nos tenemos que hacer, después de todo lo que vivimos es: ¿ya estamos preparados para un temblor?