La geopolítica como ciencia, tiene la viabilidad de escrudiñar en los pasillos del poder, de ahí la importancia de los eventos que se han venido suscitando en los días pasados, a razón de la salida de las tropas estadounidenses y de la OTAN, que han generado un sin fin de comentarios, de diversas posturas, desde aquellas en las que festejan la supuesta derrota de occidente y el triunfo de los nacionalismos teológicos, como también, en las que festinaban que el Consenso de Shanghái (la Federación Rusa y la República Popular de China) asumirían su peso hegemónico a nivel global y que decir, de aquellas voces y escritos en las que festejan que el islam radical triunfe, asimismo, están aquellas advertencias en las que se refieren a que ya no se puede confiar en los EEUU pues abandona a sus aliados.

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Cada una de estas, tiene su razón de ser, sin embargo, no hay que olvidar que el sistema global no se maneja por simpatías, las relaciones internacionales son establecidas a través de las acciones de las potencias, de los intereses corporativos, la competencia de los mercados, la lucha religiosa, la imposición de doctrinas e ideologías, así como la rivalidad en la permanente transición tecnológica que tiene la humanidad siglo a siglo; y que en cada una de las acepciones aquí establecidas, se debe de dejar en claro, que la geopolítica no tiene pasiones o simpatías tiene intereses muy bien definidos y lo que se está estableciendo en estos momentos, es el reacomodo brutal de la razón de Estado.

Bajo esta misma consideración, la actual circunstancia que está desafiando a la geopolítica occidental, tiene un nuevo punto de inflexión con el reciente atentado de una variante de ISIS, denominado K, justo en un momento crucial en la salida de las tropas de los aliados junto con personal civil y afgano (que se les ha dado el status de refugiados en diversas partes del mundo), provocando con ello, mayor tensión, ya que en una intervención en la tarde del jueves pasado por parte del Presidente Joseph Biden, dejó en claro que este tipo de agresión tendrá repercusiones, permitiendo a los comandantes que se encuentran en tierras afganas, de responder ante nuevas acometidas de cualquier grupo terrorista, dígase, ISIS o Talibanes.

Lo que comienza a dejar una nueva serie de interrogantes de este suceso, y es referente a que existe la factibilidad de que en los meses próximos, con la retira de las tropas de la OTAN, estalle una guerra civil, en la que sin duda, la población civil será la mas dañada y lastimada, pero también, un enfrentamiento entre dos grupos fundamentalistas, que buscaran imponer su voluntad para el control del territorio afgano y la disposición de los recursos estratégicos, que serán ofertados en primera instancia a sus patrocinadores, lo que podrá identificar con más visibilidad a los otros actores que detrás de bambalinas ahora están actuando.

Ahora bien, con estos supuestos, se debe de tomar muy en cuenta la Teoría del Caos, pues, los actores involucrados deberán exhibir sus posiciones, como ya lo han ido haciendo tanto Moscú como Beijing, de darles un estatus casi cercano de actores internacionales a un grupo terrorista como lo son los Talibanes, bajo la condicionante de buscar un equilibrio de fuerzas y lograr un statu quo, para que no tengan influencia en las zonas de equilibrio que estas potencias han establecido en Asia Central.

En ese sentido, el grupo de talibanes que se reunión en semanas pasadas, con altos dirigentes de la seguridad nacional de la República Popular de China (RPCH), dejó en claro que sus intenciones no son exportar su modo de vida y creencias, más allá de la frontera entre Afganistán y la RPCH (que es de 76 km), esto para el gobierno de Ji Xinping, es vital para el mantenimiento de su seguridad nacional en esta parte fronteriza, pues existe un miedo real a las filtraciones del Partido Islámico del Turquestán (PIT), cuya doctrina política esta en el radicalismo del islam, es una inflexión de cuidado para la estabilidad de esta parte, pues el PIT ya venía operando en tierras afganas de años atrás amenazando extender su influencia hacía la RPCH.

Ahora, los talibanes deberán ponerlos en control, como también lo deberán de hacer con ISIS y sus ramificaciones y que decir, con el integrismo radical de grupos de uigures que participaron en la guerra civil de Siria y que han regresado a la RPCH y que ante la potencial amenaza que representan, el gobierno central chino, ha tenido que llevar a cabo un proceso de reeducación doctrinal y política, de más de 1 millón de personas en la región de Xinjiang.

De igual manera, no se debe de soslayar que en meses pasados, en Pakistán, la facción de talibanes pakistaníes, llevaron a cabo un atentado en contra del embajador chino, por considerar a su nación una enemiga de la visión de la cosmovisión del integrismo radical que profesan los talibanes.

Ahora bien, para Beijing es vital tenerles bajo control a cada uno de estos grupos integristas que operan desde Afganistán y que para bien o para mal, las fuerzas de EEUU y la OTAN, las estaban conteniendo a un alto costo político, económico y militar; y que ahora, se pueden convertir en una seria amenaza en la construcción del sueño chino a través del collar de perlas, pues Pakistán vía el puerto de Gwadar, es una pieza fundamental en el enlace que se hace entre el Golfo Pérsico y el Estrecho de Malacas, no se puede soslayar, los movimientos que se comienzan a gestar es que Qatar esta operando atrás de los talibanes, luego entonces, ¿estamos ante un nuevo intento por establecer un califato islámico, pero en la vía misma de la ruta de la Seda?

Esta conjetura tiene diversas aristas, pero lo cierto es, que en el reacomodo de fuerzas que ha ido tejiéndose en los últimos años, se ha dejado de ver la acción de los grupos integristas y su red de patrocinadores, por la confrontación entre EEUU, la Federación Rusa, la RPCH y la Unión Europea. A partir del discurso presidencial del presidente Biden, se recupera el concepto de terrorismo, pero también de regionalismo, de lucha de poder como una revalorización del interés nacional y una nueva conceptualización de la seguridad nacional. 

El presidente Biden refirió: “nosotros no perdonamos, nosotros no olvidamos”, esta frase con ojos fijos y serenos viendo al televidente son un reflejo, de lo que en su momento dijo el Gral. MacArthur  al salir de Filipinas por la invasión japonesa, “me voy pero volveré”.

 

La lucha por el poder global es cada vez más dura y evidente y México debe asumir sus mejores decisiones y van más allá de dar refugio a los desplazados, deberán ser actos concretos, reales y tangibles, Palacio Nacional debe de estar muy atento pues se acerca la reunión bilateral en Washington DC, la sede del mayor poder global.