Ya hay una nueva víctima de los matones de redes

Esa víctima se llama Ximena, es piloto aviador, se desempeñaba en la empresa Interjet y fue echada luego que los fanáticos a sueldo del “lopismo” le montaron un linchamiento, con todo y campaña de difamación y calumnias.

Ximena dijo, ante la cámara de un teléfono, que una bomba acabaría con el festejo de la noche del 15 de septiembre en el Zócalo. El video quedó para sus amigos en su muro de Facebook.

De ahí fue tomado por los matones de redes, fanáticos a sueldo del “lopismo”, quienes movieron miles de cuentas falsas para llevar a tendencia nacional y mundial el pensamiento de Ximena, su imagen y su empleo.

Lo simpático de la tragedia es que los jefes de la jauría de matones de redes, esos que se escandalizaron por el pensamiento bélico de Ximena, son los mismos que pidieron matar a Peña y a Calderón; los mismos que movieron a la jauría que linchó a Ricardo Alemán y que han linchado en redes a muchos otros críticos de AMLO.

Sin embargo, el más reciente linchamiento de la jauría lopista, contra Ximena, confirma lo que aquí y en otros espacios hemos dicho por meses.     

Que los ciudadanos del mundo –y los mexicanos–, con una pizca de sensatez y sentido común tienen la obligación de exigir un enérgico “¡alto!”, “¡basta!” y “¡nunca más!” a los matones en redes.

Y es que esos matones que hoy crucificaron a Ximena y que pidieron su cabeza en la pira, son la versión moderna del Sano Oficio y de la corrección política; son los que presumen superioridad moral e creen orinar agua bendita porque se confiesan y comulgan con el fanatismo “lopista”.

Son los mismos que en tertulias pedían matar a Vicente Fox, a Felipe Calderón y a Enrique Peña y que hoy se escandalizan por la crítica y el cuestionamiento a López Obrador.

Son los mismos matones de redes sociales que ayer demolieron la verdad histórica sobre los 43 de Ayotzinapa y que hoy se quejan de que son liberados los presuntos responsables.

Son los mismos matones de redes sociales que ayer exigían “no más sangre” a Calderón y a Peña y que hoy callan ante los escandalosos niveles de muertes violentas en el gobierno de AMLO.

Son los mismos matones de redes que ayer acusaban del grave peligro de militarizar al país y que hoy aplauden la militarizada Guardias Nacional; que acusaban de gasolinazos y hoy aplauden las alzas de la gasolina.

Y esos mismos matones de redes son los que cuestionaban que los gobiernos del PRI censuraban a los medios, daban golpes a medios como Excélsior y mataban a periodistas como Manuel Buendía.

Hoy, el fanatismo “lopista” convirtió a los matones de redes en jaurías del Santo Oficio; delatores y perseguidores del que piensa distinto o siquiera piensa.

Hoy en México esas jaurías babeantes de matones en redes persiguen a todo aquel que –en su matona concepción–, ponen en peligro a la iglesia del “lopismo” y al propio jefe de esa iglesia.

Es decir, los linchamientos ordenados contra los críticos llevan el mensaje de que será censurado y linchado todo aquel que siquiera tenga pensamientos contra el nuevo gobierno.

Y ay de aquel que imagine y piense ideas contrario al nuevo gobierno, porque entonces será censurado y linchado; perderá su empleo y será exhibido como lo mas cercano a un criminal.

En pocas palabras, hoy en México existe una fuerza de Estado encargada de reprimir la crítica y el pensamiento distinto; una fuerza que con dinero público contrató cientos de miles de cuentas en redes que, a la menor crítica y ante cualquier pensamiento distinto, apabullan al crítico y al que piensa distinto.

Y esa fuerza represora del Estado –esas jaurías de matones de redes–, fueron lanzada contra Ximena, contra Ricardo Alemán, contra Isabel Miranda y contra todos los críticos.

Y esa jauría de matones de redes debe ser denunciada y detenida; debe ser exhibida como lo que ha sido desde su nacimiento; el Santo Oficio del gobierno de López Obrador, la jauría moralizante del dictador, el comité de salud pública de la dictadura.

Se los dije, vamos a una dictadura.