El 14 de junio de 1920 murió Max Weber, han transcurrido 100 años y sus aportaciones al estudio de la sociedad, la economía, la historia, el derecho, la religión y la política aún se analizan en las universidades, en los corrillos gubernamentales y orientan las reflexiones del poder y el estado.

Su tipología clásica de la dominación, del liderazgo y de los grupos sociales, con autoridad y legitimidad aún se aplica para valorar a quienes actúan de manera carismática, tradicional o racional legal.
En la actualidad, el ejercicio del poder demanda autoridad en el liderazgo, una base social con instituciones democraticas, que eviten el autoritarismo carismático y una dominación autocrática y tradicional que atenta contra lo racional-legal. La legitimidad weberiana, va más allá de la simple acumulación de votos, requiere mesura, compromiso, responsabilidad con una causa que supere la jaula de hierro del autoritarismo estatal, equilibrar la ética de la convicción y la responsabilidad y saber vivir para la política y no de la política.

Ojalá que los ocurrentes de visión corta, los sepultureros de instituciones, que habitan el ejecutivo y el legislativo mexicano, aprendieran de la racionalidad legal-racional de Weber, que lean las funciones, estructuras, procesos y resultados de los órganos constitucionales autónomos, de su sentido en la sociedad y el gobierno, para evitar esta larga noche de la ignorancia en donde se daña el interés de todos los mexicanos, de la nación misma.

Que estos ocurrentes disfrazados de servidores públicos, comprendieran el sentido institucional de los órganos autónomos y eviten, rectifiquen y retiren sus propuestas absurdas de fusión de ellos, en una pobre actitud, mal comprendida y peor propuesta, de gobernantes cuentachiles que atentan contra los resultados obtenidos por los profesionales que laboran en los órganos autónomos, ahora el @IFT_MX @cofecemx @CRE_Mexico cómo lo han intentado con el @INEMexico @INAIMexico @INEGI @UNAM_MX y aunque aparentemente han consumado el deterioro y sentido de la @CNDH no la perdamos de vista.

Estos personajes siguen confundiendo propuestas de austericidio con la búsqueda obscena de la concentración del poder y del culto a la personalidad, en la intentona política de evitar los pesos y contrapesos de un poder equilibrado, racional y legal, que evite anclarse en el tradicional ayer, y que mantiene una alta dosis de autoritarismo carismático, que poco reditúa para atender los verdaderos problemas de una crisis de salud, económica, de inseguridad y, que atenta contra el estado de derecho y apergolla la vida cotidiana de los mexicanos.

Max Weber miraría con desdén estas prácticas de una política antimoderna, tradicional en el peor sentido de la palabra y abusiva de un carisma mediocre, que está imposibilitado para llevar a la sociedad a un estado con plena legalidad y, con una racionalidad legítima, que ha tergiversado y desdeñado, en aras de una impotente y corruptora incapacidad, de mirar y culpar al pasado y no trabajar por el necesario futuro.