Las imágenes que todos los días podemos ver a través de los diversos medios de comunicación, esencialmente tiene que ver con la presencia del COVID 19 en prácticamente todo el planeta; los grandes esfuerzos para salvar vidas, para convencer a las personas de lo importante que es la dispersión social, de que colaboremos entre sociedad y gobiernos ante esta emergencia, de las diversas acciones de los grupos de médicos y científicos por encontrar la vacuna y el medicamento que le dé certidumbre a la humanidad de que se puede vencer a esta pandemia.

Pero también, de las diversas acciones en la parte económica y financiera para detener las enormes pérdidas que una bastedad de empresas y corporativos tiene a cada momento, por la incertidumbre que representa el no saber con certeza cuándo se regresará a la normalidad diaria de cada Estado, que permita que la globalización recupere su dinamismo y el confort que esta le da a millones de personas en el mundo.

Sin embargo, la pandemia vino a establecer una especie de caos controlado en el que la vida de las personas, de las naciones, gira entorno a confrontar un enemigo invisible que daña a cada parte del Estado, lastimando con profundidad los cimientos del  Poder Nacional de cada país en el mundo, desviando la atención sobre esta emergencia que como humanidad estamos padeciendo, por ello, casi no aparecen noticias de lo que es la conflictividad en Medio Oriente, de los rivalidades entre los Estados africanos, de las acciones del crimen organizado, de las migraciones forzadas por Estados fallidos, de las diferencias que provocan grupos integristas o nacionalistas, del saqueo de los recursos estratégicos en tierra y mar.

La vida de la sociedad ha cambiado y muy posiblemente no regresará a cómo la veníamos conociendo cuándo la emergencia pase al proceso de reconstrucción del tejido social y económico-financiero, pues como han dicho muy bien Ángela Merkel y Antonio Guterres (Canciller de Alemania y Secretario General de la ONU), los condicionantes de los eventos de estos dos últimos meses y de lo que falta, son muy parecidos a los vividos después de la Segunda Guerra Mundial. Las economías nacionales tardaran cuando menos un año en recuperar su dinamismo, pero la confianza entre mercados, estará vigente a razón por la factibilidad de que se puedan presentar brotes del COVID 19.

Pero también estarán presentes la reafirmación de los nacionalismos para hacer prevalecer la unidad nacional como una condición para la recuperación de las políticas de pleno empleo para los nacionales y la expulsión de los extranjeros.

La globalización había logrado la estandarización de la moda, de lo deportes, de la tecnología, de los procesos democráticos y del libre mercado, pero las secuelas del COVID 19 tenderán a crear nuevas maneras de hacer alianzas a partir de cómo se enfrentó la emergencia de la pandemia en lo regional, continental y global.  Recuperar la confianza entre naciones será todo un asunto que los políticos, empresarios, científicos y académicos y el resto de la sociedad, deberán de buscar las mejores formas para que la confianza internacional vuelva a ser como hasta enero de este año con todo y sus deficiencias, será un largo camino por recorrer.

Dentro de las enseñanzas que está dejando la pandemia es que es inevitable el paso efectivo a las nuevas tecnologías que son el referente para la 5 Revolución Industrial, pues, es de ver las imágenes que muestran que ante la casi parálisis industrial a nivel global, la capa de ozono muestra interesantes signos de recuperación, los lagos se ven cristalinos como los ríos y mares, las imágenes de los canales en Venecia, Ámsterdam, como los ríos Rhin, Duero o Volga muestran la recuperación de la vida en estos espacios, e incluso en estos días en la Bahía de Acapulco muy cerca de la playa una ballena hizo su aparición ante la casi nula presencia de turistas.

El planeta, nos está dando una gran lección de vida que se debe de asumir en todo su valor, es dejar a tras los anacronismos de la dependencia del petróleo como un energético, la utilización de energías limpias, de mejorar las condiciones de la robotización y la inteligencia artificial para que la vida del ser humano sea más cómoda, pero sin impactar en la degradación del medio ambiente. El propio gobierno italiano que hoy vive la peor de las contingencias, ha establecido que tras superar esta lamentable situación, comenzaran un programa exhaustivo de la recuperación de su economía nacional haciendo uso de la inteligencia artificial.

De ahí la importancia de lo que habrá de suceder en los próximos meses, pues la RP de China es la que más ciudades inteligentes tiene, seguida de Europa y los EEUU, ese es el camino de la modernidad y de la nueva etapa de la globalización, en dónde las energías serán limpias dejando de lado la dependencia de las gasolinas y de una importante variedad de insumos del petróleo, lo que sin duda será un golpe a organizaciones como la OPEP y aquellas naciones que dependen para su gasto nacional de la venta de petróleo. La caída de los precios del petróleo en estas semanas es una seria advertencia de lo que puede venir en los próximos meses, pues las naciones potencia están ya listas para dar el gran salto de la  5 Revolución Industrial.

México sin duda saldrá delante de la pandemia, lo hará por su espíritu y su fuerza como nación, emergerá por su convicción de superar la adversidad, pero de igual manera, es tiempo de dar la oportunidad a la ciencia, la tecnología para que nos permita sobresalir ante las futuras adversidades, se deben de establecer las condiciones para que México entre de manera firme a la 5 Revolución Industrial, nuestra nación cuenta con las universidades y los recursos humanos para lograrlo, solo falta la voluntad política de NO quedarnos en el siglo XX, debemos avanzar como nación madura a los desafíos y retos de este siglo, solo es cuestión de voluntad y sensatez.