A pesar de que los sepultureros de instituciones que pretenden enterrar la democracia, esta resiste y se mantiene con la fuerza que la ciudadanía desee darle.
El INE, la institución responsable del proceso electoral y en particular de la revocación de mandato ha cumplido a la sociedad, a pesar de que el presidente y sus seguidores, se han obsesionado por destruirlo, que no reformarlo para mejorarlo, con mentiras, falsedades y abusos de poder, violentando las reglas de la democracia y las leyes establecidas para el funcionamiento de la misma, como de ha registrado durante el proceso de consulta revocatoria y la participación ciudadana.
El encono presidencial no es nuevo, ha sido una estrategia de avasallamiento en contra de todo organismo autónomo, de todo aquello que no controla el poder presidencial.
Lamentablemente el resultado de intervención o cambio ha sido un fracaso, termina quedando en una modificación de nombre para seguir haciendo lo mismo, pero mal.
Es parte de la zozobra y el temor de pretender socavar al INE, ahora por una supuesta reforma electoral que no tiene estructura ni racionalidad, salvo la de cambiar en la práctica a dos consejeros, al presidente Lorenzo Córdova y a Ciro Murayama en quienes el grupo en el poder, encabezado por el presidente, ha visto a un extraño enemigo.
Hay mucho de inexplicable en esa relacionalidad amor/odio, entre el presidente y los consejeros del INE, en lo personal y lo institucional, que lleva a un estilo personal de gobernar, a una manera de ejercer el poder que no acepta ni opiniones, ni posiciones contrarias, sean razonables o no.
Es una autocracia que pretende ser el gobierno de un solo hombre y así, quizás, encontremos el significante de un estilo que atenta contra la democracia y evita cumplir con la ley.
El que debe cumplir con la ley, quien ha jurado guardar y hacer guardar la Constitución, es quien la viola. Atenta contra el Estado de Derecho, pervierte el ejercicio del poder y aplica la ley de manera discrecional, lo que termina en un discurso manipulador, que tergiversa la racionalidad del estado y del gobierno, de tal forma que provoca ríos revueltos para ganancia de él mismo, no de los pobres o del pueblo, a quien dice se debe cada uno de sus actos.
Los actos de gobierno han atentado contra los intereses de la mayoría, de la democracia y sus instituciones, provocando y acentuando crisis de salud, seguridad, gobernabilidad y económicas, así como de relaciones con EU y su impacto a la economía en la productividad, empleo e inversión, afectando la buena marcha de la vida nacional.
Bastó ver los rostros de quienes dijeron que habían obtenido un éxito en el proceso de revocación de mandato, los dirigentes de Morena junto con el presidente, en su mensaje y mañanera del lunes, la ausencia de júbilo abierto denotó la insatisfacción del resultado y la inmediata búsqueda de culpables, una verdadera derrota.
La caída en la participación, en el número de sufragantes a menos de la mitad de los votos que lo llevaron al poder en 2018, así como el uso de prácticas anticonstitucionales y antidemocráticas, delictivas abiertamente, ensució el proceso y su resultado.
Se ha mostrado el rostro debilitado de la antidemocracia, también las fortalezas y debilidades del grupo en el poder.
El presidente deberá enmendar sus errores si tiene la pretensión de mantener su poder, los números surgidos en su aprobación de continuidad en su responsabilidad no le alcanzan, ha perdido la fuerza inicial, el impulso no será suficiente para posicionar a quien pretenda sucederle; las oposiciones deberán pensar con inteligencia y en beneficio del interés social y nacional para ser competitivas e incluso poder derrotar al partido en el poder.
El mismo presidente les ha brindado la oportunidad de una alternancia, si bien estaría arraigándose la democracia en la práctica, el costo ha sido muy alto y requiere que los otros, vayan mucho más allá de sus intereses personales, de grupo y de partido y conformen una gran alianza, pues los números los ponen así en una posibilidad de triunfo y de derrota al gobierno en turno.
Eso será lo que viene en la vida política, el maquillaje ya está en camino, el discurso presidencial no alcanza para recrear una supuesta transformación, pues las cifras son adversas en todos los campos del poder nacional.
Las banderas de la corrupción y austeridad han caído, los recursos han disminuido, las grandes acciones han sido contrarias al interés, al desarrollo y seguridad de la nación.
Así, la oportunidad para la democracia es manifiesta, aunque aún hay un largo trecho que recorrer, que va en todos los frentes de batalla, sea en el legislativo, la opinión pública y la organización para la democracia, una última oportunidad que deberá conjugarse en un acuerdo mutuo, común, de intereses contrapuestos, en un ganar ganar para la sociedad mexicana.
Lamentable la delincuencia gubernamental en este proceso de revocación de mandato. Felicidades al INE y a la ciudadanía participativa.

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Escribe Emilio Vizarretea