La historia de las Cumbres de las Américas, comenzó en 1994, la cual se celebró en la ciudad de Miami del 9 al 11 de diciembre (por el simbolismo de establecer a este puerto de la Florida, como la orgullosa capital de las Américas), siendo su promotor el presidente William Jefferson Clinton.  En esa primera reunión, los 59 mandatarios asistentes, entre ellos, Ernesto Zedillo Ponce de León, aprobaron 23 temas en beneficio del continente americano, destacándose: 1.- Adopción de la Convención Interamericana contra la Corrupción, 2.- El programa Interamericano de Cooperación en la lucha contra la corrupción, 3.- Aprobación de la Estrategia Antidrogas en el Hemisferio, 4.- Conferencia Especial para Prevenir, Combatir y Eliminar el terrorismo y 5.- Inicio del Proceso del Libre Comercio de las Américas y Creación de la Unidad de Comercio de la OEA.

 

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Pero de igual manera, es oportuno considerar que en la Declaración de Principios que se obtuvo en diciembre de 1994, estableció un pacto para impulsar el desarrollo hemisférico, alcanzar la prosperidad, con el debido fortalecimiento de la democracia en cada una de las naciones signatarias, para ir en el camino de abatir la pobreza, la discriminación, como también, garantizar las condiciones para alentar el desarrollo sostenible y la debida protección del medio ambiente.

 

Ahora bien, no se debe de soslayar que en 1994, los EEUU se habían definido como la hiperpotencia ante la disolución de la Unión Soviética y su bloque, el mundo comenzaba a transitar a lo que llamó Francis Fukuyama, El Fin de la Historia, o bien el propio Kenichi Ohmae, quien promovió una propuesta de mayor apertura a la acción de la iniciativa privada, que permitiera una transición suave a la desaparición de lo que conocemos como Estado-nacional.  El mundo cambió a nuevos procesos de entendimiento, de diálogo, de interacción, pues Europa consolidaba su unión; a su vez, en Asia-Pacífico, Japón, Corea del Sur, Indonesia o Taiwán, de la mano de la apertura que otorgaba la globalización, expandían su presencia por todo el mundo.

 

Asimismo, 1994 fue aquel de la aparición del EZLN en el estado de Chiapas, reivindicando derechos sociales y culturales de las etnias del sureste del país, pero también, fue el momento en el cual, México se integró a América del Norte para abatir el atraso que le había provocado, el populismo de las administraciones de Luis Echeverría y José López Portillo. Este mismo año, los Jefes de Estado y Gobierno de la OTAN crearon la Asociación para la Paz e integrar a las naciones, que así lo solicitaran y que fueron parte del Pacto de Varsovia y al final de este año, Boris Yeltsin autorizó la invasión de Chechenia (Primera Guerra).

 

1994 significó un cambio sustancial, de como se deberían de reformular las relaciones de poder entre las naciones; y es precisamente en la declaración de principios que se firmó en Miami, la que dejó en claro, que la agenda global sería dominada por la consolidación de la democracia y las libertades económicas, sin soslayar, el combate pleno al crimen organizado transnacional y el terrorismo, pero de igual manera, establecer líneas de acción para apoyar al desarrollo sustentable, salvaguardando la integridad del medio ambiente, temas que eran imposibles de discutir entorno a la propia realidad que tenía la conflictividad de la Guerra Fría.  El colapso soviético, dinamizó el comercio, garantizó los derechos humanos y la democracia para el hemisferio, de forma participativa, plural, liberal.

 

La discusión que se fue gestando semanas atrás, por la participación de naciones como Cuba, Nicaragua, Bolivia o Venezuela, en las Cumbres de las Américas, debe ser considerada a razón misma del modelo panamericano con el que se ha estructurado la convivencia en todo nuestro continente, está basado en procesos democráticos establecidos en la Carta de Bogotá del 30 de abril de 1948, tal como lo expresa la IX Conferencia Internacional Americana en sus primeros párrafos dice:  ……Ciertos de que la democracia representativa es condición indispensable para la estabilidad, la paz y el desarrollo de la región; seguros de que el sentido genuino de la solidaridad americana y de la buena vecindad no puede ser otro que el de consolidar en este Continente, dentro del marco de las instituciones democráticas, un régimen de libertad individual y de justicia social, fundado en el respeto de los derechos esenciales del hombre; persuadidos de que el bienestar de todos ellos, así́ como su contribución al progreso y la civilización del mundo, habrá́ de requerir, cada día más, una intensa cooperación continental….

 

La carta es clara (por cierto, firmada por el gobierno mexicano), la única condición para la concreción de la estabilidad del continente es la democracia representativa y las instituciones que de ella emanan.  El gobierno mexicano ha hecho uso de la doctrina Estrada o bien de pronunciamientos fundamentales de ex cancilleres, para justificar lo injustificable, pues la Iniciativa de las Américas, es para impulsar una región bajo el amparo de la democracia y las propias reglas de la globalización, es parte de un proyecto ambicioso en el cuál esta incorporada nuestra nación, pues la intención era la formación de una serie de bloques comerciales al interior del continente para competir frente a la Unión Europea, sin embargo, la oposición del  Brasil, fue minando tal anhelo.

 

De 1994 a la fecha, el continente americano sobre todo en Sudamérica, emergieron una diversidad de gobiernos populistas de izquierda, que amparados en una mezcla del ideal de Simón Bolívar, con la doctrina castrista y el radicalismo marxista, ofrecieron a sus sociedades transitar hacia una vida mejor, pero el sueño se ha vuelto toda una pesadilla, precisamente en esas naciones a las que no se les invitó, por violar de manera sistemática, los valores democráticos y las garantías de los derechos humanos.

 

La cumbre que se ha desarrollado en la ciudad de Los Ángeles (es la tercera ciudad con más latinos, después de El Paso y San Antonio, Texas; pues cuenta con 3,990,000 habitantes y 1,838,822 son latinos, el 46% del total), tiene como fin, políticas en común contra pandemias como el COVID-19 y las crisis de los sistemas sanitarios latinoamericanos, además de las amenazas a la democracia, la crisis climática, la migración y de trasfondo el populismo político que azota a toda la región.

 

Sin duda, muchas voces se sumaran en México y en otras naciones latinoamericanas a que la NO asistencia del Ejecutivo Federal de nuestra nación, fue un acto de soberanía y de orgullo, pero la realidad poco a poco ira colocando las acciones que se asumieron para no participar en una cumbre fundamental, para definir las estrategias qué el continente debe de asumir, cuando el mundo afronta una crisis de seguridad internacional, por la guerra de Putin sobre Ucrania y que tiene en vilo los precios de los hidrocarburos y ahora también, la óptima distribución de cereales y productos cárnicos.

 

Los liderazgos no son berrinches, son para asumir posiciones pragmáticas y responsables en beneficio de una sociedad, mucho se pudo hacer asistiendo a cumbre y abogar por las sociedades de Venezuela, Bolivia, Nicaragua o Cuba, pero al abogar por gobiernos dictatoriales, la historia juzgara como ya lo hacen diversas voces desde el Senado estadounidense y en esas naciones en dónde sufren pobreza y crueldad por parte de sus gobernantes.