Si es usted huachicolero, tratante de personas, traficante de drogas, de órganos y hasta secuestrador, no tiene por qué preocuparse.

¿En serio…? Por qué no…?

Porque el jefe del gobierno y del estado mexicanos, el señor López, no lo perseguirá como de manera feroz persigue a quienes lo critican.

¿A ver, a ver, de qué se trata…?

Pues resulta que por instrucciones presidenciales, la Unidad de Inteligencia Financiera, dependiente de la Secretaría de Hacienda, ordenó bloquear las cuentas bancarias de los señores Alejandro Quintero Iñiguez, Jesús Alejandro Quintero Iñiguez y a la empresa Telepersonal.

¿Y por qué esa drástica medida, propia de las pesquisas a criminales?

Nada más y nada menos porque los señores Quintero Iñiguez son los productores y creadores de la serie televisiva –en realidad un documental–, llamada “Populismo en América Latina”.

¿Y eso qué tiene de criminal?

Todo, porque hoy los criminales son los críticos de AMLO.

¡Nooo…!

Sí, resulta que según las calenturientas cabezas de “los hombres del presidente” –entre ellos Santiago Nieto y Epigmenio Ibarra–, los Quintero habrían confabulado una fea maquinación –junto con Enrique Krauze y otros empresarios–, para desbarrancar al entonces candidato presidencial, Andrés López.

¿Una maquinación?

¡En efecto, aunque usted no lo crea…!

¿Por qué… qué tipo de maquinación?

Porque en el México de la 4ta-T pensar distinto, oponerse al mesías, criticarlo, decir que es un dictador tropical que pudiera ser –el pretérito imperfecto del verbo poder es el tiempo verbal en que se plantea el documental–, un peligro para México, es peor que pertenecer a la banda de El Chapo, peor que ser el peor de los secuestradores –el mocha orejas–, peor que el más sanguinario de los huachicoleros y es peor que el peor crimen.

¿Es en serio?

Si, es completamente en serio.

Incluso, la persecución contra los Quintero Iñiguez es apenas un capítulo de una larga serie que involucra a Enrique Krauze y a otros empresarios a los que se acusó –sin más pruebas que la declaración de un patiño que escribe y difama en los espacios de la señora Aristegui–, del ridículo delito de hacer un documental.

Vamos a suponer, sin conceder que los Quintero y Krauze produjeron y financiaron el citado documental.

¿Ese es un delito…?

Si los fanáticos de AMLO suponen que es delito producir y crear un documental, no es un peor delito hacer un spot como el que hizo Diego Luna?

¿No es un peor delito de la película “La Ley de Herodes”, de Luis Estrada?

¿No es un peor delito el documental que hizo Mandoki sobre AMLO?

¿No es peor delito el documental meloso y chabacano de Epigmenio Ibarra sobre AMLO?

¿Dónde están los creadores, los cineastas, los hombres y las mujeres del cine, del teatro, de la industria del entretenimiento, que nada dicen de la barbarie que comete el gobierno de AMLO con la cultura, con el cine, con los documentales?

¿Dónde dice, en qué ley, que hacer un documental de fuerte contenido político para contrastar una campaña electoral, es un delito y sus productores o creadores deba ser perseguido peor que los peores criminales?

¿Dónde están todos los actores, actrices, productores de cine, documentalistas, críticos de cine; dónde está la voz de toda una industria de las telenovelas, que callan ante una monstruosidad como la que comete el señor López con los Quintero?

Y los señores Quintero pueden ser todo lo odiosos que se quiera, pero si la industria de la televisión y el cine deja pasar esa persecución, mañana muchos estarán en la mesa de las reses sacrificadas.

Se los dije.