Para entender la complejidad del reto que enfrenta el equipo negociador de México en Estados Unidos es necesario considerar que Donald Trump no sólo negocia en el terreno comercial, en el migratorio y en el de seguridad; también lo hace en el terreno propagandístico.

Recordemos que el silogismo sobre el que gira la negociación es que si México no logra contener el flujo migratorio hacia Estados Unidos, Trump impondrá a partir del próximo lunes un arancel de 5 por ciento a todos los productos mexicanos, con la amenaza de incrementar el gravamen gradualmente hasta el 25 por ciento.

Sin embargo, la clave para entender la verdadera jugada de Trump está en las estadísticas.

Resulta que en los primeros cuatro meses del año, el gobierno de aves Manuel López Obrador detuvo a 52 mil 195 extranjeros, de los cuales 39 mil 653 fueron deportados. Dichas cifras son superiores a las 44 mil 62 detenciones y 37 mil 298 deportaciones efectuadas en el mismo periodo del año pasado por el gobierno de Enrique Peña Nieto.

De modo que el problema para Estados Unidos no es, como dice Trump, que México no esté haciendo esfuerzos para detener la migración. En ese sentido AMLO ha sido más complaciente que EPN.

Queda claro que Trump ha comenzado a jugar sus cartas en el juego de la reelección, por lo que su posición ante México debe ser interpretada más bien como un mensaje a los votantes norteamericanos.

En ese sentido, ha logrado posicionarse en una situación en la que, comunicacionalmente, no puede perder: si se imponen aranceles a México, ello le significará un mensaje de firmeza para sus simpatizantes. En términos económicos, el gravamen afectará también al consumidor y a la industria estadounidense, pero Trump ya tiene posicionado un discurso según el cual la medida haría a las empresas trasnacionales dejar México y regresar a Estados Unidos, generando más empleos.

Si por el contrario, logra convencer al gobierno mexicano de atender sus exigencias para evitar los aranceles se apuntará una victoria que le dará impulso a su búsqueda de la reelección.

El gobierno mexicano, en cambio, se encuentra en una posición opuesta. Los dos escenarios posibles le podrían significar al presidente López Obrador una importante derrota en el terreno propagandístico. Por un lado, si los aranceles se aplican, la negociación habrá fracasado; y por otro, si México cede ante las exigencias de Trump, la imagen de AMLO será de sumisión.

De hecho, con la información que se tiene al momento, el gobierno mexicano ya parece estar cediendo ante la presión de Trump: de acuerdo con el canciller, Marcelo Ebrard, el gobierno obradorista enviará 6 mil elementos de la Guardia Nacional a la frontera con Guatemala para contener el flujo migratorio.

Y lo anterior es apenas el inicio de un constante bombardeo bajo el que se hallará el gobierno de López Obrador en el contexto de las campañas en EU.