Trato de imaginarme…

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Después de gran expectativa, por fin pudimos conocer de los criterios de política económica del nuevo gobierno encabezado por Andrés Manuel López Obrador. A este documento entregado en la Cámara de Diputados, le fue acompañando la propuesta del presupuesto de egresos y el de la ley de ingresos del gobierno federal para el año del 2019.

Ya conocemos los tres documentos, y son tan desafortunados, tan erróneos, que trato de imaginarme la sorpresa que han experimentado aquellos militantes de la izquierda que, entusiasmados hasta el delirio, apoyaron la candidatura de López Obrador; que lo hicieron convencidos de que, con él en la presidencia, se daría un vuelco a la situación del País.  Ellos, fervorosos militantes que lo fueron de la izquierda, y que siempre combatieron la idea de que el ejército tuviese injerencia en la seguridad pública, ahora –¡tremenda paradoja! — serán los encargados de defender la decisión del presidente para militarizar al país.

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Trato de imaginarme cómo van a defender –los maestros y los estudiantes que durante la campaña apoyaron a López Obrador– el aumento de más de 15 por ciento en los recursos a las fuerzas armadas, y en contraste, la disminución de más de 7 por ciento a las universidades públicas del país.

Trato de imaginarme el rostro de algunos antiguos compañeros que militaron en la izquierda, y que ahora son legisladores de Morena, cuando suban, uno a uno,  los escalones que les conduce a la tribuna de San Lázaro, para intentar justificar que se reduzca el presupuesto para el CONACYT (Consejo Nacional para la Ciencia y la Tecnología) en 2,300 millones de pesos,   y en espantoso contraste, se aumente el presupuesto para publicidad del presidente López Obrador en ¡un 53 por ciento más que lo que gastó Peña Nieto en su último año de gobierno!

Trato de imaginarme el rostro de los artistas plásticos, de los escritores, de los cineastas, de los músicos, de los creativos culturales, de los intelectuales que apoyaron fervorosamente a López Obrador, cuando alguien les pregunte porque se reduce en casi unos mil millones de pesos los recursos destinados a la cultura, y en sentido contrario, se asignen 15 mil millones de pesos para iniciar obras en «el capricho de Santa Lucía.

Trato de imaginarme cómo será la mueca en la cara de aquellos dirigentes de organizaciones defensoras de derechos humanos que apoyaron a López Obrador, cuando alguien les pregunte el porqué de la reducción de los recursos destinados para la Comisión Nacional de Derechos Humanos y para los organismos encargados de proteger a los familiares de las víctimas de la violencia, y en contraste, el presidente asigne un aumento de  miles y miles de millones de pesos, para crear una guardia nacional que integrada por militares, se convertirá, irremisiblemente, en la fuente principal de las violaciones a los derechos humanos en el país.

Trato de imaginarme las expresiones de desconcierto de los periodistas que apoyaron a López Obrador, cuando alguien les cuestione porque se reducen los recursos para el organismo de protección de periodistas, y también se disminuya, en casi una cuarta parte los recursos fiscales para la búsqueda de los desaparecidos.

¿Como podrían dar una explicación razonable a esta escandalosa forma en que el presidente pretende distribuir los recursos obtenidos de los impuestos y aquellos provenientes de la exportación del petróleo?

¡No hay manera razonable! Porque en realidad, la causa de estos recortes es la irracionalidad de darle mucho dinero al presidente López Obrador para que lo use en los programas asistenciales, que más sirven para el control político que para la superación de la pobreza.

Jesús Ortega Martínez.