La geopolítica como ciencia, le permite al tomador de decisiones, la identificación de la afectación a regiones y Estados, a causa de los movimientos que se van estableciendo, en el sistema internacional.  Las circunstancias que han despertado la aparición del Covid-19 (C19), han sido diversas y variadas, que han afectado la vida de cada ser humano y por ende, las propias características con las que venia fluyendo el desarrollo global en los últimos años.

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La globalización venía enfilada hacía un estancamiento como lo definió, el politólogo y geopolítico Ian Bremmer, a causa de su estandarización, en la parte comercial y al mismo tiempo, de la propia democracia, que venía cediendo espacio frente a las actitudes de diversos líderes populistas que acaparaban la atención de las sociedades nacionales, ante la incapacidad de los sistemas políticos tradicionales, por estar a la vanguardia de la demanda de la ciudadanía, a causa de la propia irrupción acelerada de las redes sociales, en demerito de la democracia que venía cayendo en la opacidad, sin renovarse y adecuarse a las propias necesidades del actual siglo.

En ese sentido, el C19 hizo un severo desajuste a la cotidianeidad en la que vivía la especie humana, el cierre de actividades de toda índole fue necesaria para ir controlando a este nuevo virus.  Entre las acciones que se tuvieron que llevar a cabo fue, la suspensión de las XXXII Olimpiadas, que debieron haberse celebrado el año pasado, sin embargo, el escenario internacional estaba dominado por contagios, muertes, planes económicos emergentes, análisis financieros coyunturales, reconfiguración de planes navales y militares, así cómo también, de establecer nuevos paradigmas a la seguridad nacional (¿un nuevo tipo de guerra con el uso de virus?).  Los Estados nacionales buscaron cerrarle el paso al C19 de diversas formas, las olimpiadas, la gran gesta de conciliación y del encuentro fraterno, debía esperar mejores momentos para ser llevada a cabo.

Si bien, desde la Grecia Clásica las naciones buscaban ciertos canales de entendimiento, sería con el Barón Pierre de Coubertin, quien en junio de 1894,  que se llevó a cabo en París Francia, en la Universidad de la Sorbona, el primer Congreso Olímpico Internacional, con 79 delegados de 13 países y el visto bueno de otras 21 naciones, para que en 1900 se llevara a cabo la II Olimpiada, en la propia ciudad de París, en medio de diversas dificultades y errores. Ese gran esfuerzo, de buscar la conciliación entre gobiernos y naciones, como también una manera idealista de quitarle presión al sistema internacional, que previniera un conflicto entre potencias (sin embargo, en la primera mitad del siglo XX, se gestaron dos Guerras Mundiales).

Citius, Altius, Fortius, (más rápido, más alto y más fuerte), es la frase que ha definido al movimiento olímpico gracias a Pierre de Coubertin, pensando en la condición que en las justas atléticas predominara, la equidad y honestidad de los competidores y más aún, que fuera un medio para suavizar las pugnas entre las naciones dominantes de la época y la integración con el resto de la comunidad internacional del momento, no obstante, de este noble deseo, las olimpiadas han servido para ser escenario de la demostración de la superioridad de la potencia del momento, tan solo es de recordar, las olimpiadas de Berlín en 1936, estando Adolfo Hitler como Canciller de Alemania, quien hizo uso de demostración de la fortaleza que había alcanzado su nación tras la debacle de la Primera Guerra Mundial y de la humillación que habían recibido con los Tratados de Versalles.  La raza aria, la nueva Alemania había resurgido y sus atletas eran muestra de ello.

La Segunda Guerra Mundial, detuvo al olimpismo, pero en 1948 se reactivaron en la sede seleccionada para 1944, que era Londres; a partir de esta fecha hasta el momento, las olimpiadas han tenido una tesitura muy especial, pues se convirtieron en un escenario mas, en la disputa de los bloques hegemónicos de la Guerra Fría, los EEUU y la Unión Soviética, hacían uso de toda su capacidad para llevar a los mejores atletas y que obtuvieran el mayor número de medallas a su favor, pero no de plata o bronce, era imperativo que fueran de oro, lo que demostraría, que el modelo de sociedad que encabezaban, era el más óptimo para vivir.

 

Tan solo es de recordar los boicots que se dieron en 1980 a las Olimpiadas de Moscú por la invasión soviética a Afganistán y la repuesta  a las siguientes Olimpiadas, que se celebraron en la ciudad de Los Ángeles, EEUU.  Las disputas no solo eran visibles en los juegos de verano, también lo fueron los espacios de las Olimpiadas de Invierno en 2014, que se llevaron a cabo en la ciudad de Sochi y que estuvieron fuertemente cuestionadas, pues previo, el gobierno de Vladimir Putin, había logrado recuperar para su nación la región de Crimea, vital para sus intereses geoestratégicos en el Mar Negro.

 

Las olimpiadas que desde este día se llevaran a cabo y por dos semanas más, tendrán una nueva historia, no de la conflictividad de una nación con una nueva raza o la pugna entre la democracia liberal y el totalitarismo, estás nuevas olimpiadas tiene la connotación del conflicto entre las naciones del occidente democrático y el oriente de las tecno-autocracias, pero también, de la demostración de qué nación, fue más efectiva con su plan de vacunación, que nación, pese a las restricciones, logró mantener en pleno la vigencia del Poder Nacional, es decir, son las olimpiadas de la globalización 2.0 y en dónde será interesante observar como los bloque se confrontan bajo el cobijo de la solidaridad frente a una pandemia que ha sacudido la esencia de la existencia de la comunidad internacional.

 

Luego entonces, la participación de México, no sólo va dirigida al Citius, Altius, Fortius, sino también, debe de demostrar cual es su voluntad en el nuevo ring de la confrontación de los bloques de poder globales, pero siempre y cuando los atletas mexicanos hayan recibido todo el sustento de sus respectivas federaciones y ante todo de la CONADE, pues a pocas horas de su inicio formal se han tenido diversas noticias de la falta de apoyo para una digna participación como lo es el ciclismo.  El olimpismo es un eficiente mecanismo de softpower, que lo tienen bien afinado las potencias, ¿será que no se entiende esta necesidad de proyección de la fortaleza de México a través del deporte? El deporte mexicano, es más que beisbol y futbol.