AL TIEMPO

Muchos de los integrantes de la nutrida “legión de idiotas” –esos que defendían a muerte el voto por AMLO–, se justificaban cuando el tirano no ofreció ningún resultado positivo a diciembre del 2019.

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“Apenas tiene un año de gobierno y le dejaron el país en ruinas”, decían a manera de justificación.

Si, se negaban a reconocer que “todo se derrumbó” desde el primer año de gestión.

Luego de 24 meses, la misma “legión de idiotas” aún tenía esperanza de que al arranque del tercer año –en diciembre de 2020–, las cosas cambiarían y que el gobierno de AMLO daría algún resultado.

Sin embargo, y luego de 31 meses de la fallida gestión de López, está claro que no habrá cambio alguno, que Obrador es el peor presidente de la historia y que el país va sin remedio a la ruina.

Y, claro, los integrantes de la “legión de idiotas” –que ciegos, sordos y estultos apoyaron al candidato López–, hoy sólo tienen dos caminos posibles; aceptar su estulticia o, de lo contrario, tragar a puños los sapos y las serpientes del fanatismo y la complicidad que les impone el tirano.

Y es que, a 3 meses, queda que “todo se derrumbó”.

Se les cayó la Línea 12 del Metro, con saldo de 28 muertos.

Se cayó la venta de la refinería texana, de Deer Park.

Se cayó la producción de crudo de Pemex, al peor nivel de la historia.

Se incendió una plataforma de Pemex en la sonda de Campeche.

Se cayó al nivel más bajo de la historia la incautación de drogas duras.

Se cayó el abasto general de medicamentos de todo tipo, en todo el país, lo que significa el mayor genocidio cometido en la historia mexicana.

Se cayó la producción de maíz y, con ello, se disparó el precio de la tortilla, el principal alimento de los mexicanos, lo que llevará al gobierno a una mayor importación y mayor dependencia.

Se cayó el bienestar de casi 15 millones de mexicanos que retrocedieron al nivel de pobreza, lo que suma 60 millones de pobres en México, casi el 50% de la población.

Se cayó el nivel de empleo y de puestos de trabajo bien pagados; casi 10 millones de desempleados en 31 meses, un porcentajes históricos, al tiempo que se dispararon el trabajo y el comercio informales.

Se cayó la percepción de seguridad, ya que según indicadores del Inegi, hoy los mexicanos perciben una mayor inseguridad y no se sienten protegidos por el gobierno federal.

Se disparó como nunca en la historia el número de muertes violentas, al extremo de que en 31 meses se llegó a casi 100 mil vidas perdidas, la misma cantidad que en todo el sexenio de Calderón y una cantidad igual a la suma de los gobiernos de Calderón y Peña en los primeros 31 meses de sus gestiones.

Se disparó la inflación y con ello los precios de los alimentos básicos y los combustibles.

Se cayó, por tanto, la promesa de bajar los precios de la gasolina, el gas y la energía eléctrica.

Se cayó el crecimiento económico, ya que el PIB sigue en el umbral negativo y no hay ningún indicio de que la actividad económica y productiva pudiera recuperarse.

Se cayó la confianza de los inversionistas en México, una vez que López Obrador tiró el NAIM y luego que echó abajo la reforma energética.

Se cayó por completo el sistema de salud y millones de mexicanos –entre niños, mujeres y hombres con cáncer, además de pacientes de otras enfermedades–, deambulan por el territorio nacional en una lastimosa protesta que pocos en el gobierno escuchan.

Se cayó la lucha del Estado contra el las bandas criminales y hoy las masacres son el pan de cada día, al tiempo que los barones del crimen son capaces, incluso, de imponer gobiernos estatales.

Sí, se cayó todo el gobierno de AMLO, se cayó la esperanza de cambio, se cayó el futuro del país y se cayó el futuro de millones de jóvenes que no verán cumplidos sus sueños.

¿Por qué?

Porque el peor problema del gobierno mexicano se llama López Obrador, el peor presidente de la historia.

Se los dije.