La historia de la geopolítica va de la mano del propio desarrollo de la ciencia y la tecnología,  recientemente en la revisión de un interesante libro sobre el arte de la guerra, intitulado, Warfare in the old testament de Boyd Seevers, realiza una relevante investigación de los imperios en la región, de lo que hoy conocemos como Medio Oriente, dominada en su momento por asirios, egipcios, israelitas, babilonios, filisteos y persas; pero ante todo, del proceso del desarrollo tecnológico que llevaron a cabo para ir ampliando sus espacios de dominio y así proyectar sus intereses nacionales,   algo tan simple como el temple de un arco y el dominio de un carruaje tirado por briosos corceles, podía definir el balance de poder en la región.

Así como sucedió en Medio Oriente en los tiempos denominados bíblicos, la tecnología ha ido en plena evolución a lo largo de la historia de la humanidad, pasando por lo realizado por Leonardo Da Vinci en el periodo renacentista de diseñar aparatos para la guerra, como fueron el tanque y el submarino, hasta llegar a la visión revolucionaria de Julio Verne, de describir en sus novelas, máquinas fabulosas como un submarino en 20, 000 Leguas de Viaje Submarino, o una ojiva que funcionaba como cápsula espacial, en su obra De La Tierra a la Luna.

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El tiempo ha pasado, los tanques han demostrado su valía como arma de ataque, como se observó en la batalla de Kursk (5 de julio al 23 de agosto de 1943), en la que la ofensiva soviética a base de un gran despliegue de tanques pudieron romper parte de la avanzada nazi sobre la Unión Soviética, de igual manera, los submarinos son una realidad fundamental para el ejercicio del poder marítimo y más a razón de su capacidad de despliegue de misiles balísticos intercontinentales agua-aire-tierra, tan solo consideremos los submarinos rusos Clase Kilo y los estadounidenses Clase Columbia.

La ciencia y la tecnología son sin duda alguna, parte activa del proceso de la generación del desarrollo de las naciones, pero también de la manera en la que los Estados despliegan sus capacidades geopolíticas para ejercer el predominio de su proyecto de nación y la debida instrumentación de sus intereses nacionales, en ese sentido, el padre de la talasopolítica estadounidense, Alfred Thayer Mahan, dejó muy en claro que si los EEUU deseaban ser participes del club de los Estados hegemónicos, no lo lograrían tan sólo siendo una economía de vanguardia, requerían que sus fuerzas armadas tuvieran todos los elementos de desarrollo tecnológico a su alcance para hacer la debida demostración de fuerza frente a naciones enemigas pero ante todo, ante las amigas.

Y así se concretó, desde la administración del Presidente Teodoro Roosevelt hasta recientes fechas, los EEUU han ido en un proceso constante de la innovación científica, primero pasó de ser la potencia 17, previo a la Segunda Guerra Mundial, a ser la primera potencia del mundo, que hoy sigue en ese paso, pero con serios adversarios que le disputan esta posición, precisamente haciendo uso de las capacidades tecnológicas y científicas como las que ejercen la Unión Europea, la Federación Rusa y ante todo, La República Popular de China.

Precisamente está ha sido una de las quejas de la administración del presidente Donald Trump, en el sentido de que su nación pasó de mandar la maquila a otros países a permitir que otras naciones realicen ciencia y tecnología; en un libro de gran valía al respecto, intitulado Ciencia y Guerra, el astrofísico Neil deGrasse Tyson y Avis Lang, establecen que EEUU está atravesando un desafortunado fenómeno, pues de ser la nación a la que llegaban a estudiar a sus universidades, [email protected] de diversas naciones de Latinoamérica, Europa y Asia, en nuestros días prefieren ir a Europa o a la República Popular de China, pues ahí se encuentra la innovación científica que comienza a ser un problema serio para la seguridad nacional estadounidense, pues sus propios ciudadanos también emigran hacia esas regiones en búsqueda del conocimiento actualizado y novedoso, lo que aprovechan sus adversarios.

Durante prácticamente toda la Guerra Fría y el periodo de la transición hegemónica, EEUU demostró que lideraba todos los aspectos de la ciencia, fuera esta para usos militares o civiles; las universidades, institutos y empresas públicas y privadas, mantenían a su nación a la vanguardia del conocimiento, ejemplo de ello, fue la aplicación de la internet, la exploración espacial, la nanotecnología, robótica, como también todo aquello que tuviera que ver con la preservación de la salud de los seres humanos, sin embargo, los adversarios poco a poco se fueron acercando a causa de las distracciones que fue sufriendo la dirigencia estadounidense a razón de priorizar dos temas, la guerra contra el terrorismo internacional y hacer preservar su economía como la pieza mediante la cual se estableciera la globalización.

La apuesta no era mala pero para ello, no sólo se requería de la fortaleza de sus fuerzas armadas o del vigor del comercio de las marcas estadounidense, se demandaba de una cada vez mayor aportación para la investigación científica que se fue menguando entre las administraciones de George Bush y Barack Obama, al punto que sus aliados y sus adversarios, comenzaron a disputarle muy en serio el control de la ciencia y su utilización para su propio crecimiento y difusión de sus intereses nacionales.

En recientes días, un interesante articulo del New York Times ha hecho referencia del relanzamiento del espionaje hacia los EEUU por parte de la Federación Rusa y de la República Popular China para tener acceso a los investigaciones de la vacuna que se esta realizando entre los laboratorios farmacéuticos de AztraZeneca y la Universidad de Oxford (justo cuándo se detuvieron las pruebas por una enfermedad inexplicable), esto es significativo pues demuestra, que EEUU sigue estando a la vanguardia de la innovación científica, pero el asunto es ¿por cuánto tiempo?, por ello, las próximas administraciones deberán establecer una férrea política de inversión hacia la ciencia y la tecnología que les permita poner distancia de sus competidores.  La emergencia sanitaria trajo la confrontación, por el control de las vacunas, pero también, en la disputa de la comercialización de la 5G, la digitalización de la humanidad, la aceleración de la inteligencia artificial y la próxima 6G y por ende, la reconfiguración de alianzas y lealtades.

En el caso de México no se ve claro este tema crucial para el desarrollo nacional, si bien la Fundación Carlos Slim logró acercar al gobierno argentino y al nuestro para el proceso de manufactura de la vacuna de AztraZeneca-Oxford, el ganador será la Argentina, pues serán ellos los que procesen los insumos con los que se elaborará el anticuerpo y nuestra nación solo la va a embazar; México se mantendrá cómo un país maquilador que no logra despegar e incorporarse a la comunidad internacional de los creadores de ciencia y tecnología, en las administraciones pasadas, se dieron pasos lentos pero reales.  En tiempos revueltos y difíciles, las oportunidades se presentan como únicas, tal vez estemos en ese momento, de mirar hacia la ciencia y no hacia los trapiches del siglo XIX.