La política de avestruz no resuelve los problemas nacionales críticos de la sociedad mexicana. Los grupos criminales, desplazan a los gobiernos locales; la pandemia crece y la economía cae. Los registros de lugares y los indicadores en cada expresión marcan la vida nacional: Badiraguato, Reynosa, Magdalena de Kino, Pentalhó, Aguililla, Ciudad de México, Línea 12; más de 2 millones 779 mil contagios de COVID-19 y casi 240 mil muertes por la pandemia, con una vacunación de casi la tercera parte de la población; con una cantidad cercana a los 90 mil homicidios dolosos.

No hay manera de desviar la atención ante los problemas sociales con cortinas de humo, el gobierno queda rebasado ante los hechos trágicos y la sociedad vive en estado de indefensión, diariamente crecen las víctimas de la pandemia, los contagios y las muertes se incrementan sensiblemente; los homicidios dolosos están a la alza en muchos lugares del territorio nacional; la economía no levanta.

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La hora constante de los diagnósticos y las evaluaciones ha sido cumplida; la continuidad de estrategias no debe confundirse con necedad, o terquedad o incompetencia; lo que se juega es el presente del país, de la sociedad, de las familias, de cada mexicano.

Bien que se aumente el presupuesto para la Guardia Nacional, mejor que se entregue y se ejerza, mejor que se combata la inseguridad y se obtengan los resultados deseados, que disminuyan los homicidios y se recupere la tranquilidad social, de lo contrario, solo estaríamos engañándonos, tapando el ojo al macho, desperdiciando tiempos y recursos valiosos.

Bien que se tengan dosis de vacunas disponibles, mejor que se apliquen en quienes las necesitan y se adopten medidas que cuiden y protejan a la población, y mejor que haya una estrategia de recuperación del empleo, de evitar que se difunda el virus por descuidos en eventos masivos o falta de control en las necesarias actividades económicas, mejor que se apoye la planta productiva, los empleos sirvan para fortalecer el mercado interno y se estimule la creación y manutención de ellos.

Son tiempos estratégicos en donde el autoengaño, el discurso del odio, la falta de visión, la soberbia, la incompetencia o la necedad, pueden afectar más aún la vida de la sociedad misma. Taparle el ojo al macho, para salir del paso, no es opción para lo social.

No se puede ser farol de la calle y oscuridad de la casa, no se pueden disminuir los problemas nacionales que las crisis han arrojado, negándolos, engañándose o con una política de avestruz, de queda bien con quien sabe quien.

No es un regateo político que el poder busque la promoción de personajes políticos, de candidatos, de partidos o de gobiernos que se reposicionen, que se vendan y reconozcan con aceptación, eso no puede estar por encima de la vida de cada uno de los mexicanos.

No entenderlo es caminar hacia el vacío social, el exterminio de la vida, la negación del presente y del futuro de hombres y mujeres en el campo y en la ciudad. Eso no es política de altura, sino simples chácharas de la ignorancia y el egoísmo, de la incomprensión de la realidad social, de la ausencia de una mirada crítica ante la situación de crisis, que hoy va en aumento en todos los campos del poder nacional.
Hasta la irresponsabilidad tiene límites.