Ya sabemos que la Cuarta Transformación es una colección de pedacería política: el partido-secta al servicio de López Obrador (MORENA); defenestrados o tránsfugas del PRI, del PAN y del PRD; empresarios deseosos de nuevos contratos al amparo del poder público en turno; partidos satélites con nueva alineación política (como el PT); partidos evangélicos (como el PES); figuras públicas cooptadas (deportistas, faranduleros, comunicadores, políticos “independientes”, etc.); líderes locales desapadrinados; etc.

Lo único que tienen en común todos los pedazos que conforman la Cuarta Transformación es su sometimiento formal al Huey Tlatoani: López Obrador. Y digo formal porque, en los hechos, cada pedazo de la 4T está haciendo de las suyas al amparo del Tirano de Macuspana: dentro de la 4T, todo mundo le da el avión al “viejito renovador” para, en lo oscurito, poder desarrollar su propia agenda. 

Pero dentro de la pedacería de la 4T, hay un grupo que pretende darle dirección ideológica al conglomerado cirquero: los nostálgicos del comunismo.

Entre éstos hay muchos, pero destacan por su exhibicionismo o por su presencia escénica: Paco Ignacio Taibo II, Enrique Dussel, Gerardo Fernández Noroña, Martí Batres, Yeidckol Polevnsky, Pedro Salmerón, Rafael Barajas “El Fisgón”, Fabrizio Mejía, Héctor Díaz Polanco, John Ackerman, Luciano Concheiro, Irma Eréndira Sandoval, María Luisa Albores… Y, claro, también están los monaguillos: Gibrán Ramírez, Hernán Gómez, Antonio Attolini, Estefanía Veloz…

Su apuesta por el comunismo es muy disímil, ciertamente: algunos lanzan loas, vía redes sociales, a países en donde nunca vivirían (Cuba, Venezuela, Corea del Norte); otros impulsan, desde el aparato del Estado, leyes y programas gubernamentales que hieden a colectivismo, a estatismo y a corporativismo totalitario; y, unos más, han tratado de hilvanar todo un rollo ideológico-político orientado a posicionar a la Cuarta Transformación dentro del “gran proyecto revolucionario latinoamericano”.

Entre los personajes más patéticos están, por supuesto, Taibo II, Fernández Noroña, Luciano Concheiro y Pedro Salmerón, quienes continúan viviendo en una especie de borrachera adolescente, tan demodé como ridícula, marcada por el 68, la Revolución Cubana y la Guerra de Vietnam, entre otros mitos rojos.

En este marco, Pedro Salmerón dio nota recientemente, al llamar “jóvenes valientes” a los guerrilleros comunistas que asesinaron a Eugenio Garza Sada, el 17 de septiembre de 1973. ¿Por qué no los llamó “jóvenes homicidas” para hacer más honor a la verdad objetiva? En cambio, Pedro Salmerón ensalzó el arrojo… ¡de unos asesinos a quienes les salió mal un secuestro! Vaya, queda claro que lo traicionó su espíritu comunistoide.

Y por supuesto que sabemos que los “revolucionarios comunistas” no se han detenido jamás ante las nimiedades del “cochino Derecho burgués”, siempre al servicio del capitalismo, ese “maldito sistema opresor de las masas trabajadoras”… Sí, sí, sí, nos sabemos toda esa vomitiva monserga comunista. ¿Quién no la ha padecido en el bachillerato o en la universidad?

La misma monserga se la oímos a Luciano Concheiro, Subsecretario de Educación Superior, cuando lanzó vítores al comunismo para después proponer su instrumentación en México; esto a inicios de septiembre, en un evento del Colegio Nacional

Es importante notar que no se trata de eventos aislados: se trata de una estrategia clara encaminada a presentar al comunismo como parte esencial de la Cuarta Transformación. A veces se le llama sin recelos por su nombre (Taibo II y Concheiro), a veces se le disfraza de “política social” (Batres, Noroña, Polevnsky), y a veces se le convoca entre nubes de incienso a través de rollos supuestamente académicos (Salmerón, Ackerman). Pero la apelación laudatoria al comunismo es clara, muy clara.

¿Hasta dónde llegará esta intentona discursiva? ¿Hasta dónde la dejará llegar el mismo López Obrador?

Por supuesto que las palabras de Pedro Salmerón fueron excesivas y desafortunadas, más aún cuando las relaciones entre López Obrador y los empresarios no andan nada bien.

Algunos dirán que Salmerón demostró su torpeza política como funcionario público, su poca comprensión del timing político. Otros dirán que se trató de un hecho calculado, justo para medirle el agua a los camotes, a manera de buscapiés.

Como sea, nos queda claro que los pro-comunistas pretenden tomar a la 4T por asalto, con la intención de acceder al liderazgo continental de la ola roja que comenzó Hugo Chávez en Venezuela, a finales del siglo XX. 

Los pro-comunistas de la 4T cada vez se descaran más, con el aval sigiloso de López Obrador. Ya veremos hasta donde los deja avanzar la sociedad mexicana.

Facebook: Carlos Arturo Baños Lemoine

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