“A veces no estoy para nadie, también me extraño”.

G Romero

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Carta a un amigo:

Sabes, te escribo estas significativas líneas para reconocer lo que aprendí de tu valiosa amistad… Los atardeceres de vino tinto, remembranzas de trifulcas victoriosas y de juergas que parecían no acabar, forman parte de varias reflexiones dignas de recordar.

Salta a la memoria la ocasión cuando abordamos el tema de las personas que en su lecho de muerte lamentan no haber cumplido sus propósitos. La oportunidad se agotó cuando quedaba el último suspiro. A diario vemos gente morir de manera prematura, otros invalidados ante el infortunio de estar en el lugar y momento equivocado creyendo que a nosotros no nos sucederá. 

Como olvidar una de tus frases favoritas cuando decías con certeza: “En las diversas decisiones de la vida, alguien saldrá afectado…procura no ser tú”. La nostalgia me invade cuando una vez emergió el reproche al expresarme categórico: “continuas impávido, ni siquiera fluyes con el viento o la mar. Decides pelear con la vida en una disputa que no tendrá final”.

Encendiste un cigarrillo y continuaste…“Piensas que el tiempo será generoso y retas al ocio. Te describes crítico y transitas en medio de la ambigüedad (leí que es necesaria para subsistir), sin embargo, poco conveniente para evolucionar. Quizá “el no puedo” es la justificación perfecta del “no quiero”. 

Entonces surgió la pregunta ¿Cómo visualizas el final de tus días?, respondí con un chistorete hacia la mofa filosófica: millonario…te confieso que no estaba preparado para contestar. Con el paso de los años, al incursionar en la reflexión, en donde se confunden los sueños, las aspiraciones y los anhelos que me llevaron a recapacitar: con quién y la forma en que terminaré. 

Realicé el ejercicio mental como me sugeriste, sin omitir detalles adjudique el nombre, dimensión, color, olor, cantidad, características, fundiendo los sentidos en aras de la materialización. Entendí que no se trata de la “Ley de Atracción”. En cambio, es la manera sincera de ubicarte en tu realidad para lograr cambios y saber la dirección hacia esa meta. Suena lógico.

Qué razón tenías, los adultos no sabemos soñar, vamos por la vida prejuzgando, absorbiendo miedos y saboteando nuestro futuro. Entonces gracias a ti descubrí que idealizar el final de tus días tiene connotaciones interesantes, porque al despertar podrás notar las inconsistencias de las acciones que realizas en la actualidad, con tus futuras pretensiones. Es ahí donde te das cuentas de la trascendencia de los hábitos, como nos preparamos, lo que pensamos, leemos, sentimos, escuchamos, vemos y decimos, de quienes nos rodeamos.

Seguí tus consejos y acudí a un consultorio Quiropráctico por el dolor de la espalda. En la sesión me explicaron que somos energía que se mueve a través del cuerpo, que requerimos de los virus y bacterias, de la importancia de la alimentación y ejercicio, que no debemos ser siempre positivos o negativos, por que se requiere un constante equilibrio, esto mantiene las vibraciones en armonía y sana las emociones, eso se traduce en salud, te comparto que me hizo sentido.

En fin, me despido diciéndote que visualizar el final de tus días no es fatalista, tampoco una idealización de buenos deseos. Es reconocer quién eres y la guía de la senda que marcará tus pasos hacia el futuro deseado. Ahora bien, permíteme devolver otra interrogante. ¿Qué soñabas y no lograste? Sé que no contestarás porque hoy me enteré que se agotó tu último suspiro. Adiós mi sabio amigo.

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