Es vergonzosa la sumisión de López Obrador al gobierno de Estados Unidos y, sobre todo, al presidente Trump.

Es de una cobardía inaudita la entrega no sólo de la soberanía petrolera sino la soberanía nacional, al interés de Estados Unidos; gobierno con el que México hipoteca su futuro, gracias a la estulticia sin freno de López Obrador.

Pero lo más intolerante es el silencio de opositores y legisladores de Morena y de todos los partidos, quienes guardan silencio de complicidad ante la entrega de la soberanía nacional a cambio de quién sabe qué oscuros acuerdos entre López y Trump.

Por eso son urgentes las preguntas.

¿A cambio de qué turbiedades propias del estulto López Obrador, el gobierno de Trump intercedió a favor de México ante la OPEP?

¿Qué es eso que deberá pagar México y que, por si fuera poco, alardeó Trump en su mensaje al pueblo norteamericano?

¿Dónde quedó la promesa rabiosa de López Obrador contra las agresiones intervencionistas de Trump?

 ¿Es cierto que todo fue un montaje para engañar a los mexicanos y para ganarse su voto?

 Y es que esa es la lección que nos deja la realidad, en la relación del gobierno de AMLO con el de Trump.

¿Dónde quedó el reclamo de respeto que gritaba por todo México y que gritó en territorio de Estados Unidos el entonces furibundo candidato presidencial, López Obrador?

Lo cierto es que luego de 16 meses del fallido gobierno de AMLO, no existe otro camino que llegar a una nueva y obligada conclusión; resulta que López Obrador también mintió en cuanto a la relación de México y de su gobierno, con el vecino del norte.

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Mintió ante la supuesta firmeza que, en su momento, les exigía a los ex presidentes Fox, Calderón y Peña.

Y es tal la sumisión de Obrador ante Trump que, hoy, los ex presidentes a los que fustigó AMLO –Fox, Calderón y Peña–, parecen gigantes ante sus respectivos homólogos norteamericanos.

Y es que son de tal indignidad la sumisión, el entreguismo y la cobardía de Obrador frente al presidente norteamericano, que ya no es un meme –sino una vergonzosa realidad–, aquella imagen que muestra a un cansado Trump, gobernando dos países; Estados Unidos y México.

Y tampoco es un chiste –sino una dolorosa realidad–, la imagen de un López Obrador limpiando el piso en torno a Donald Trump –sudoroso y con el trapeador e mano–, como un sirviente más de la Casa Blanca.

Lo cierto es que la realidad, la sumisión de Obrador y de su gobierno ante la Casa Blanca, alcanzó al presidente mexicano y quedó muy lejos aquel aspirante presidencial que insultaba a Felipe Calderón y a Peña Nieto por no mentarle la madre a los presidentes norteamericanos.

 Por eso vale recordar que el 15 de junio de 2017, cuando López Obrador dio a conocer su nuevo libro, titulado “Oye Trump”, el eterno aspirante presidencial mexicano alardeó de la siguiente manera.

«Todos los saben, EPN (Enrique Peña Nieto) calla ante (Donald) Trump y ante la persecusión a los migrantes mexicanos; nosotros decidimos enfretar la xenofobia y defender a los migrantes. Les recomiendo el libro, son propuestas y acciones en defensa de los migrantes en Estados Unidos, acciones que no se atreve a hacer el gobierno de México».

Durante todo el año siguiente, en plazas de todo el país, AMLO retó a Donald Trump, le exigía respeto a México y a los mexicanos y todos los días amenazaba que, ya como presidente, “le voy a contestar de la misma manera, en redes sociales… no le dejaremos pasar un solo insulto, lo enseñaremos a respetarnos”.

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¿Dónde quedó aquel López Obrador; el severo critico de Trump y de sus políticas imperialistas?

¿Dónde están la soberanía nacional, la dignidad nacional, el interés nacional?

¿Fue, López Obrador, un gran farsante?

Está claro que el López Obrador de hoy, el presidente mexicano, es igual que el otro López; aquel traidor a la Patria, López de Santa Anna.

Se los dije, AMLO es un peligro para México.