Una de las principales características que tiene una potencia es la de estar llevando a cabo un permanente proceso de vigilancia de sus zonas de influencia y en el caso de los EEUU, sus obligaciones son mayores, pues lidera a un amplio número de naciones que siguen su modelo democrático y de libre mercado, pero más aún, encabeza organismos militares como la OTAN, que siguen dando certidumbre a la seguridad internacional en el continente europeo, como también en aquellas naciones cuyas problemáticas exigen que las tropas de esta organización hagan presencia para mantener o establecer las mínimas condiciones de gobernabilidad.

De igual manera, la potencia estadounidense ha definido la geopolítica de la seguridad internacional en seis comando, USNORTHCOM, USSOUTHCOM, USAFRICOM, USEUCOM, USCENTCOM y USPACOM, asimismo como parte de la estructura que ha establecido desde la Guerra Fría, se mantienen activas la II, III, IV, V, VI y VI Flotas para defender los intereses nacionales de la principal potencia del mundo.

-Publicidad-

En los últimos años, durante la administración del presidente Donald Trump, el slogan de America First, condujo a la política exterior, de defensa y en su desarrollo nacional, a retomar el papel que pensaron los padres fundadores para los EEUU, el ser aquella nación que se volviera el referente del resto de la comunidad internacional, a partir de sus principios democráticos, de libertades políticas y económicas, así cómo el respeto a la integridad de las personas.

El America first, recuperó en plena globalización el sentimiento de grandeza de una amplia base de la sociedad estadounidense, que veía con desanimo como su país se alejaba de los principios y valores bajo los cuáles se habían fundado, y más aún, lograron el liderazgo mundial, teniendo tan sólo un solo rival que era la Unión Soviética, al que poco a poco se le fué cercado y potencializando sus problemas internos para vencerlo y quedar como la única potencia global.

El discurso del America first era recordarle a los ciudadanos estadounidense, que esta nación no debía seguir administrando la ventaja de ser la potencia número uno del siglo XXI, sentada en su trono dorado, viendo como las demás naciones comenzaban a crecer y tener en su ánimo la intención de desbancarlo de dicho liderazgo, por ello, debía de retomar su presencia global, ser protagonista de los cambio de este siglo, estar al pendiente de los enemigos, pero también con aquellos Estados con los que compartía intereses en común, la potencia hegemónica no tiene amigos, tan solo intereses y necesidades.

De ahí, que la política exterior que estableció la administración del presidente Donald Trump fue en ese sentido, pues le quitó la sutiliza de su antecesor, eliminó el trato diplomático, presionó a los aliados europeos y de Asia-Pacífico, exigió a sus socios comerciales, es decir, demostró que los EEUU no podrían ser el viejo líder anquilosado y deprimido, debía ser uno que demostrara su poder en toda su magnitud.

Por ello, comenzó una abierta confrontación con la RP de China por las zonas de control del sudeste asiático, como también por el predominio por la tecnología 5G y la inteligencia artificial, buscó un acercamiento con Corea del Norte para confrontar directamente a Beijing en su área de influencia natural, como también, reestructuró la a la flota del Pacífico con la del Índico para tener una amplia cobertura que fuera desde el Mar de China hasta el Golfo Pérsico.

La política de seguridad internacional hacía la Federación Rusa la administró a partir de que los aliados europeos definieran con cuidado en dónde estaban sus lealtades, hacía sí mismos (Unión Europea), a la OTAN o la dependencia energética proveniente del Cáucaso ruso, sólo uno de los actores europeos respondió a está percepción de la seguridad estadounidense, que fue Gran Bretaña que aprovechando diversos desacuerdos con los integrantes de la Unión, puso fin a su relación con la Europa continental (BREXIT), dejando entrever que estaba de acuerdo en el nuevo reposicionamiento que exigía el America First.

Y que decir, de las acciones permanentes sobre el pago que México tendría que realizar para la construcción del muro y la propia renegociación del TLCAN en lo que hoy conocemos como T-MEC, que para varios especialistas, le ofrece mejores ventajas competitivas frente a sus propios socios comerciales, todo para mejorar sus procesos de desarrollo nacional al dinamizar sus cadenas de producción, sus marcas y su Know-How, buscando frenar a su rival más peligroso, la RP de China, alentando la investigación científica y a la iniciativa privada para ser partícipes del America first, tal como lo ha llevado a cabo, la empresa Space X de Elon Musk, que en conjunto con la NASA estarán buscado la colonización de Marte en los años venideros.

Sin embargo, la manera tosca, abrupta y hasta pendenciera con la que se ha manejado el presidente Trump no ha sido del todo del gusto del resto del mundo y de una parte de la sociedad estadounidense, y más aún, por las graves secuelas que ha dejado el manejo de la pandemia del COVID-19, lo que pone en gran duda la continuidad de los republicanos y del propio presidente Donald Trump al frente de la Casa Blanca y que vendrá el relevo de la mano del candidato demócrata Joseph Biden.

Lo conflictivo que ha sido el periodo electoral a causa de diversas situaciones como las protestas sociales, crisis económica, un mal manejo de la pandemia y el propio contagio de COVID-19 por parte del presidente de los EEUU; parece que esta nación entró en una especie de letargo, en un stand by, en espera de los resultados electorales, su desenlace y la puesta en marcha del nuevo gobierno, de ahí que se ha observado como ejemplo de esta situación, al gobierno francés de Emanuel Macron en un claro activismo geopolítico, primero en Líbano, luego ante Turquía por diferendos navales cerca del Mar Egeo y más recientemente por realizar duras críticas de nuevo a Turquía a razón de su aparente intervención en el conflicto entre Armenia y Azerbaiyán.

El mundo está concluyendo este año, con acciones geopolíticas que no se esperaban al principio del mismo, pero que sí permiten comenzar a establecer como será el próximo 2021, en el cuál México está obligado en asumir las responsabilidades que le confieren ser socio estratégico de los EEUU, y que sin duda, la próxima administración estadounidense, le habrá de exigir para seguir ejerciendo el liderazgo global, justo en el año en que México habrá de celebrar 200 años de vida independiente gracias a las negociaciones de Agustín de Iturbide.