Este jueves, las bancadas de oposición en el Senado demostraron que cuentan con los números suficientes para frenar las iniciativas, propuestas o postulaciones del presidente Andrés Manuel López Obrador y del grupo parlamentario de Morena.

            Sin el apoyo de los legisladores del PAN, del PRI, del PRD y de Movimiento Ciudadano, “la aplanadora” no pudo conseguir la mayoría calificada necesaria para elegir a los nuevos integrantes de la Comisión Reguladora de Energía (CRE).

            Y es que, durante su comparecencia ante el Senado, los 11 candidatos propuestos por AMLO dejaron clara su incompetencia y su falta de preparación para ocupar el cargo al que habían sido postulados.

Basta con recordar los tristemente célebres casos de Jorge Amaya Mendivil, el aspirante que no sabe qué es un Certificado de Energía Limpia (CEL); Guadalupe Escalante, la candidata que tuvo que “googlear” las funciones de la CRE; o Ángel Carrizales y Paola Elizabeth López, aspirantes cuyo único mérito consiste en formar parte de la “ayudantía” del presidente.

Y si bien es plausible que se haya impedido la llegada de estos u otros personajes incompetentes a la CRE, la cuestión de fondo debería ser: ¿Dónde estaba ese “músculo” de la oposición cuando se tomaron decisiones de mayor relevancia como el nombramiento de los ministros de la Corte?

Veamos un ejemplo:

El pasado 12 de marzo, Yasmín Esquivel Mossa fue electa como nueva ministra de la Suprema Corte de Justicia de la Nación. Luego de una primera ronda de votaciones, ni Esquivel ni las otras aspirantes (Loretta Ortiz y Celia Maya) lograron reunir la mayoría calificada (el voto de dos terceras partes de los legisladores presentes). Sin embargo, en una segunda votación, Esquivel Mossa resultó ungida.

¿Qué ocurrió? Que cinco de los senadores del PAN y 13 de los legisladores del PRI le dieron –en el anonimato– su voto Esquivel Mossa, a pesar de que públicamente la señalaron por un posible conflicto de interés al ser esposa del contratista favorito del presidente.

Caso similar es el de la elección de Alejandro Gertz Manero, quien llegó a la Fiscalía General de la República pese a que legisladores de la oposición lo calificaron como un “Fiscal Carnal”.

¿Qué nos enseñan los casos anteriores?

  1. Que pese a ser el grupo mayoritario en el Senado, Morena y sus aliados no pueden obtener por sí mismos la mayaría calificada, necesaria para los nombramientos y las reformas constitucionales.
  2. Que negociaciones políticas han llevado a algunos legisladores de la oposición a darle sus votos a Morena gracias al anonimato de la votación por cédula.

El Senado es el único contrapeso a Morena, toda vez que en la Cámara de Diputados el partido en el poder se aseguró la mayoría calificada gracias a una alianza con el PRI y a la adhesión de quienes abandonaron el barco del PRD.

El problema, entonces, no es que la oposición no tenga números para plantar cara a Morena en el Senado.

 El problema, al parecer, es que la oposición no le duran mucho las ganas de ser oposición.

¿Qué negociaron priistas, panistas y perredistas para aprobar loa nombramientos que rechazaron públicamente?