AL TIEMPO

No, no solo debemos exigir una investigación a fondo, la más grande en el gobierno de AMLO, sobre la amenaza al diario Reforma.
No, también debemos exigir que el presidente Obrador se deslinde de manera pública del Cártel de “El Chapo” y que se comprometa a llevar a prisión a todos los integrantes de esa banda, empezando por el perdonado Ovidio Guzmán, alias “El Chapito”.

Y es que ya resulta impostergable para la sociedad toda, para la democracia y para libertades básicas –como la libertad de expresión–, y para el “Estado de Derecho” que el presidente mexicano rompa los lazos y termine con las sospechas de ser el jefe de un “narco-gobierno”.

No es tolerable, por locuaz que sea el presidente Obrador, que ante la amenaza burda y la advertencia directa de lanzar un ataque terrorista –anunciada por un presunto sicario de “El Chapo”–, el presidente mexicano sume agravios contra Reforma y contra los medios críticos, en general, y contra los periodistas que cuestionan a su gobierno fallido.
Y es que para nadie es un secreto que existe una clara complicidad del gobierno de AMLO con el grupo criminal del Cártel de “El Chapo”.Y esa no es una especulación tampoco una fake news o un bulo.

No, a los ojos de todos los mexicanos está aún fresca la imagen de un gobierno claudicante que, a pesar de haber detenido al hijo del mayor criminal de la historia, no fue capaz de llevarlo a prisión y someterlo a un juicio apegado a derecho.

Todos los mexicanos vieron y conocieron las circunstancias en que el gobierno federal, encabezado por AMLO, fue doblegado por un acuerdo de impunidad entre el Cártel de “El Chapo” y el presidente Obrador.

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Y si decimos que el presidente mexicano solapa al Cártel de “El Chapo”, no estamos diciendo una mentira y menos se trata de una exageración.

¿Por qué?
Porque el propio presidente dijo que las instituciones a su mando, que  habían logrado la captura de Ovidio Guzmán, “recularon” por temor a la  violencia. Pero no es todo. A los ojos de los mexicanos, AMLO no sólo  ordenó liberar al “Chapito”, sino que ordenó protección federal para la boda  de “La Chapita”, la hija de “El Chapo” y hasta acudió a Badiraguato, Sinaloa, a saludar a la madre del mayor narcotraficante mexicano de la historia.

En efecto, hoy nadie sabe –a ciencia cierta–, quién está detrás de la amenaza lanzada contra el diario Reforma; nadie sabe si se trató de un loco solitario o si, en efecto los sicarios de El Chapo lanzaron la amenaza.

Lo cierto es que se trata de una clara guerra de terror; de una amenaza que abre la puerta al terrorismo contra los medios, contra los críticos del  gobierno lopista y contra los periodistas independientes y críticos del peor gobierno de la historia.
Por eso, corresponde a la sociedad toda exigir que el presidente ordene  la más profunda investigación que haya iniciado su gobierno, para llegar al fondo de la amenaza; para evitar la superchería de que se pudo haber tratado de una auto amenaza –como ya lo pretenden hacer creer los fanáticos lopistas- -, y para castigar a los responsables.

Se debe comprometer de manera pública a dar toda la protección  necesaria, no sólo a la institución periodística llamada Reforma, sino a todos y cada uno de sus periodistas, editorialistas y trabajadores.

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Pero, sobre todo, el presidente debe ser el primero en romper todos los lazos de alianza con un grupo criminal como el de “El Chapo” y está obligado al compromiso de llevar a prisión a toda la banda de El Chapo.

De lo contrario, López nunca se quitará el estigma de que el suyo es un narco- gobierno.
Se los dije.