Un muchacho de 22 años, después de haber salido de su universidad en la CDMX fue secuestrado. Sus familiares recibieron una llamada telefónica pidiendo dinero para el rescate. Lo pagaron y esperaron a que los plagiarios entregaran a su hijo, pero no sucedió. El estudiante no fue liberado. Este caso salió en redes sociales y en los noticieros importantes; la familia recibe apoyo psicológico por parte de las autoridades de la Ciudad de México.

Plagiaron al hijo de un tornero. Un hombre que daba empleo a más de 15 personas y quien había logrado poner un taller para trabajarle a una farmacéutica, un día recibió una llamada por parte de los secuestradores de su hijo menor de edad. Lo habían investigado perfectamente, sabían cuántas personas laboraban en el taller, cuáles eran sus pertenencias y lo extorsionaron para devolverle a su hijo. Tuvo que vender todas sus máquinas, despedir a su gente y rematar su casa, para poder pagar el rescate. Su vida jamás será la misma. Este caso no fue viral. No salió en redes. No recibió ayuda de las autoridades.

Secuestraron al socio de un restaurante. Los verdugos le pedían dinero para el rescate y como no contaba con el efectivo, le cortaron un dedo y se lo enviaron a su mujer. Ella logró juntar algo de dinero y se los depositó. El secuestrado les rogó que le dieran tiempo, que dieran oportunidad de vender todas sus cosas. Les dijo que jugaba golf, que era su pasión, que por favor no lo mutilaran más, que les pagaría. La esposa se movió y vendió su casa, sus coches, pidió prestado a la familia y a los amigos para pagar el rescate millonario. Después de tres meses, le entregaron vivo a su esposo, pero sin un solo dedo en la mano. Este caso tampoco fue viral. No salió en redes. No recibió ayuda de las autoridades.

Salió la noticia de la detención del líder del la Iglesia de la Luz del Mundo a quien varios de los políticos mexicanos conocen, con quien han tenido tratos y se han sacado fotos. Entre los cargos que se le imputan, está el de la trata de personas. Los políticos seguramente lo sabían, pero ahora lo niegan. Ellos son cómplices de ese delincuente.

El presidente de la república felicitó a los militares que regresaron las armas a sus secuestradores en Michoacán. El primer mandatario humilló a los soldados frente a toda la nación. El jefe del Ejecutivo y todos los que aplaudieron este hecho, aplauden a los delincuentes.

 

Parece que los políticos exigen popularidad en las tragedias para voltearlas a ver y pareciera que la misma sociedad es la que escoge quién merece publicidad. ¿No acongoja el secuestro de un niño de primaria? ¿No afecta saber que a una persona le mutilaron los dedos de la mano? ¿No agobia saber que cualquiera está en peligro de padecer ese dolor? ¿Qué necesita el mexicano para reaccionar?

La mayoría de la sociedad ha demostrado que prefiere callar, porque cree que, si no hace ruido, no llegará la desgracia a su puerta. Al contrario, si no gritamos, si no sentimos, si no exigimos justicia para todos, no podremos estar a salvo nunca.

Armémonos de valor, seamos críticos. Exijamos a las autoridades que vean por todos nosotros sin discriminación, sin preferencias, sin popularidad, sin distinción. Una sociedad cobarde, es una sociedad víctima.