Entre que se ponen de acuerdo nuestras autoridades y legisladores si a las trabajadoras domésticas se les tienen que hacer valer sus derechos o no, el tiempo pasa y no pasa nada.

Mientras tanto sus derechos siguen siendo violados, empezando por la Ley Federal del Trabajo y la Ley del Seguro Social, pues las excluye y discrimina

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En la actualidad, en México existen 2.5 millones de trabajadoras domésticas. De acuerdo con datos de la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE), de cada 100 personas ocupadas en el empleo doméstico remunerado, 90 son mujeres. Además, 99 de esas 100 laboran sin un contrato de trabajo escrito.

Esto pone de relieve dos situaciones difíciles para el sector del trabajo doméstico: precariedad laboral, tanto por la falta de seguridad social como de un contrato laboral escrito; y lo más preocupante, falta de voluntad política y reconocimiento social para que mis compañeras gocen libremente de sus derechos humanos.

Estos datos son el resultado de muchas dinámicas, encuestas, mesas de trabajo y experiencias personales a las que se le contribuye un factor fundamental que es a la vez causa y efecto del problema.

La Ley Federal del Trabajo establece que los patrones no tienen la obligación de inscribir a las trabajadoras al Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS). El argumento es que lo anterior no impide a las y los trabajadores inscribirse al régimen voluntario del IMSS, el cual no permite el ingreso al sistema de financiamiento público de vivienda o pensión.

Otro argumento para justificar la omisión en la obligación de proporcionar seguridad social, es el hecho que los empleadores tienen la obligación de cubrir los costos de servicios médicos, sin contar derecho a la vivienda o pensión. En los hechos esta acción queda a voluntad, conciencia social, y posibilidad económica de los empleadores.

En pocas palabras, las compañeras trabajadoras domésticas están a la merced y voluntad de quiénes las emplean, tanto en las condiciones laborales como en la protección de su salud, dos derechos humanos fundamentales.

Además, nunca podrán aspirar a una vivienda digna, guardería para sus hijos y qué decir de una pensión por todos los años trabajados.

Hablar de las condiciones del trabajo doméstico remunerado  en México no gusta, pues incomoda a quienes se oponen a visibilizar o dignificar su trabajo, pues se sabemos que es un sector vulnerable, víctimas de la discriminación estructural, concepto que se da por las pésimas condiciones de desventaja en la ley y —añado— también en la sociedad.

Es evidente que existe una desigualdad formal ante la ley y que sus derechos humanos están a capricho de nuestras autoridades competentes y de nuestros legisladores. Espero que ahora que Morena es mayoría en el congreso le haga justicia a la revolución y no me refiero a la bolivariana, sino a un sector muy castigado en México: al trabajo doméstico

Hay formas de garantizarles su derecho a la salud, solo es cuestión de que nos escuchen, pero sin oídos sordos y no politizando más el tema.

La fórmula es muy sencilla: reconocimiento social y voluntad política.

Daniela Acosta

@DanielaAcosta79 

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