En todas las narrativas y acciones de gobierno de los líderes autoritarios las libertades importan poco. Incluso antes de tomar el poder e impulsados por un pensamiento tribal que descaradamente los nutre, hemos sido testigos de ofensivas brutales que se emprenden en contra de la dignidad y los Derechos Humanos, y que tienen a muchas personas rehenes de una vida miserable en varias partes del mundo.

Participando en un foro para la equidad de género a la que fui invitada como ponente y antes de que ganaran sus respectivas elecciones, Jair Bolsonaro, de Brasil; y Andrés Manuel López Obrador en México, externé mi preocupación ante decenas de mujeres por el resurgimiento de estos nacionalismos y populismos que oprimen el individualismo y la libertad.

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Hablé de la importancia de nuestros ideales y la tarea por delante, teniendo también como contexto el reciente triunfo del presidente Donald Trump en EE.UU y  los repuntes de actos racistas y xenofóbicos en contra de migrantes entre los que se encontraban también mujeres, además de insistir en que muchas de nuestras desgracias que como género arrastramos, se constituyen fundamentalmente por tres motivos: el machismo, la impunidad y la falta de libertad en su sentido más amplio.

Los líderes autoritarios tienen algo en común: no soportan la crítica, la desobediencia y mucho menos las decisiones autónomas, basadas en la razón y en la divergencia.  Actúan como amos y no como Jefes de Estado cuya obligación es privilegiar la ley, las garantías individuales.

En México el horizonte no es alentador. El Presidente Electo ya desplegó una serie de acciones autoritarias que generan temor. Su trato con algunas mujeres, sobre todo con las de la prensa ha revelado intolerancia y sectarismo escondiéndose en mimos verbales o ese tonito condescendiente que usan los impacientes y finalmente los intolerantes cuando quieren callar bocas.

No sirve de mucho si en su gabinete  hay mujeres si no es un presidente que respete la ley, la separación de poderes, la legalidad en sus consultas que no tienen otro propósito más que simular.

Las mujeres buscamos y estamos a favor de la ley porque la necesitamos, porque representa una ruta poderosa para fortalecer los avances y resolver los muchos problemas que aún nos aquejan: los feminicidios, la trata de personas, el matrimonio infantil y la violencia de género, entre otros.

¿Cómo llegamos al Gobierno de López Obrador?

Con su paciencia, simulación y mentiras.

Los totalitarismos y sus efectos devastadores no se crean de la noche a la mañana ni tan ingenuamente como a veces parece. Quien lo justifica solo en el liderazgo carismático de sus líderes está  equivocado. Estos personajes construyen agazapados en la ignorancia de sus audiencias y en el pensamiento primitivo que los corroe, esas poderosas máquinas políticas capaces de robar la autonomía de cualquiera.

Al cierre de esta columna, el Presidente Electo de México anunció la consulta para establecer una Constitución Moral que forma parte de sus decisiones autoritarias, amparadas en su concepto de pueblo bueno al que por cierto engaña y pretende someter.

Como mujer me opongo a semejante imposición.  En México vivimos una etapa crucial: hay transición de gobierno y no estamos para aplaudir a un presidente que realiza consultas a modo y además pretende normar la vida de una nación con mecanismos que lucen retrógradas.

La consulta de López Obrador es amoral como sus comportamientos públicos, porque la libertad no soporta la imposición ni la trampa.

Las enseñanzas que nos han dejado  hasta ahora estos líderes autoritarios con poco o mucho tiempo que los hemos visto en las esferas del poder son ominosas. Hay insultos para las mujeres, desdén a mercados, maltrato a muchos  sectores, amenazas a oponentes políticos y repunte de actos cargados de xenofobia, antisemitismo, racismo y otras desgracias que a cada uno le acomoda.

Son tiempos de cambio y no podemos ahora desistir.  Es tiempo de honrar y reclamar por lo que hemos luchado las mujeres: la equidad, la justicia y la libertad.

@AdriaGarciaE

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