La primera víctima fue el autor de éste espacio.

El sábado 5 de mayo de 2018 un manotazo del “lopismo” desató la campaña más feroz –en redes–, de que se tenga memoria en México.

La difamación, la calumnia y el odio desataron una tendencia mundial contra Ricardo Alemán, entonces y ahora uno de los más severos críticos del antaño candidato presidencial y hogaño presidente Obrador.

En esa ocasión no pocos opinadores se sumaron al linchamiento contra Ricardo Alemán y, por ello, advertimos que nadie se equivocara ya que venían por todos los críticos, sin excepción. Por eso dijimos convencidos: “Los carniceros de hoy serán las reses de mañana”.

Y el tiempo lo confirmó.

En efecto, luego vino una purga general de periodistas en diarios, canales de televisión y frecuencias de radio. Poco a pocos la intolerancia dictatorial del candidato ganador de la presidencial de 2018 se hizo sentir en todos los medios.

¡O se someten o se chingan…! Fue la consigna.

Más adelante las jaurías lopistas se lanzaron contra el historiador Enrique Krauze –uno de los que aplaudieron del linchamiento en nuestra contra–, y a quien le advirtieron que no tendría publicidad.

Siguió el escritor Martín Moreno, cuyo más reciente libro fue satanizado. Luego vino la andanada contra Pablo Hiriart y más adelante contra el diario Reforma; contra sus dueños y sus directivos.

Recientemente las “jaurías lopistas” satanizaron al presidente de la Coparmex, Gustavo de Hoyos, quien “cometió el pecado de lesa dictadura” de mostrar solidaridad con el diario Reforma, al que todos los días difama el presidente Obrador.

En el caso del jefe de la Coparmex, el poderoso sindicato patronal no se amedrentó y respondió las amenazas y los insultos de la jauría lopista con la misma medicina; videos, a través de redes.

Más adelante le tocó el turno al ex senador y ex secretario de Estado, Javier Lozano, al que apalearon con un odio y una rabia peculiares con la clara intención de difamar, calumniar y ofender.

A partir del pasado fin de semana, pero sobre todo ayer lunes, se desató una rabiosa persecución contra Isabel Miranda de Wallace, la fundadora de Alto al Secuestro contra quien la vileza humana orquestó vulgares calumnias.

¿Qué significa todo lo anterior? ¿Por qué razón las botargas de López Obrador ya no guardan las formas; ya no esconden la mano que lanzó la piedra y tampoco se cubren el rostro para lanzar jaurías babeantes contra los críticos de AMLO?

La respuesta está a la vista de todos.

Está claro que los estrategas del dictador disfrazado de presidente juegan al juego de los espejos; el de hacer creer a los ciudadanos que la mentira, el engaño, la desfachatez y la patanería son la normalidad política de hoy.

Por eso, el presidente ya no se inmuta ante la montaña de mentiras que dice todos los días y aún así, con un cinismo de campeonato, dice que él no es mentiroso.

Peor aún, el mentiroso de palacio dice que la mentira es del demonio y que la verdad es de Dios.

Y frente a esa confusión total –que incluye la descocada declaración de que pandillas de bots atacan a los enemigos de AMLO para hacer creer que AMLO es el malo de la película–, la deshonestidad se convierte en motor de todas las actividades sociales y entonces ya se permite y se aplaude todo; incluso todo aquello que hace pocos años era motivo de un escándalo mundial.

Y entonces el mentiroso ya no dice mentiras, el transa ya no busca licitaciones públicas, el ratero ya no se cuida de visitar la cárcel, el estudiante ya no tiene que trabajar porque le regalan dinero y entonces la democracia ya no sirve de nada, porque para eso está la mano alzada…

Y sigue la destrucción de la sociedad toda, en donde todo se vale y en donde nada se castiga.

Se los dije.

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