AL TIEMPO

El martes 24 de marzo, del 2020, se produjo en México uno de esos milagros que, de tanto en tanto, asombran y marcan nuestra historia.

Resulta que el poderoso Ricardo Salinas Pliego –dueño de Televisión Azteca y de muchas otras empresas–, no sólo se declaró soldado de Obrador sino que, contra toda evidencia científica y contra miles de muertos en el mundo por la pandemia, descalificó la gravedad del Covid-19.

Pliego reunió a capitanes de sus empresas para pontificar contra los agoreros del desastre, los enemigos del presidente y contra quienes ven la pandemia como un peligro.

Dijo que todo está mal “calles vacías, parques y tiendas cerrados; los restaurantes, los hoteles, todo está cerrado”, se quejó.

Luego explicó: “Esto no puede ser, la vida tiene que continuar, el virus existe, sin duda, pero no es de alta letalidad. Debemos olvidarnos de la ecuación equivocada; que virus es igual a muerte. No es cierto”.

Y sintetizó: “Como van las cosas, parece que no moriremos de Coronavirus, sino de hambre”.

Por eso, apoyo al presidente y expuso que “tiene razón al insistir en que debemos tener calma porque el pueblo es fuerte y tiene muchas reservas…”

Luego censuró a los opositores: “La oposición política al presidente tiene que encontrar como pegarle y entonces le están pegando porque no ha hecho suficiente para aislar a la población. ¡El mismo presidente está siendo presionado para cerrar todo!”

Y expuso, sin tapujos, su militancia y adhesión lopista. “Tenemos que apoyar al presidente con el ánimo y la calma y aquí conviene mucho que la oposición fifí –aquí hay algunos–, se moderen porque la alternativa del aislamiento es la rapiña de la violencia social”.

¿Frente a qué estamos; la sumisión de Azteca al presidente o la defensa del presidente aliado de Azteca?

La respuesta es elemental; asistimos a un feo “Déjá vu” –el regreso a un evento del pasado–, que muchos creían superado.

Sí, asistimos a la sumisión absoluta de las televisoras al poder en turno; idéntica entrega de la naciente Televisa, a los populistas del PRI de los años 70 y 80 del siglo pasado, cuando la llamada izquierda mexicana censuraba con dureza la postura asumida el dueño de la naciente Televisa, Emilio Azcárraga Milmo, motejado como “El Tigre”.

El discurso que formuló Salinas Pliego, es copia, en sepia, de la revelación de Emilio Azcárraga Milmo, en mayo de 1982.

Y es que en aquel 1982, luego del desastre económico causado por el populista gobierno de López Portillo, el “Tigre” Azcárraga sorprendió a todos al responder críticas formuladas por la sumisión de Televisa al poder en turno.

Y es que “El Tigre” no sólo se dijo priísta “por convicción”, sino que rechazó que la televisora de su propiedad –concesionaria del Estado–, haya negado tiempos oficiales destinados a los partidos opositores.

Era evidente que Televisa –igual que hoy lo hacen todos lo medios con el gobierno de AMLO, en especial Televisión Azteca–, favorecían el mensaje oficial y limitaban la presencia de los opositores y los mensajes críticos.

Así lo explicó Azcárraga, en mayo de aquel 1982: “Si se da más tiempo al partido oficial y al gobierno, es porque ellos tienen más necesidad de comunicación, y nosotros somos evidentemente soldados del presidente de la República, y no de los demás; y cuando hay necesidad de comunicar algo, pues lo hacemos con mucho gusto”.

En esa ocasión, la declaración de Emilio Azcárraga fue arrancada por los reporteros –no los paleros de las mañaneras de AMLO–, asignados a la campaña presidencial de Miguel de la Madrid; periplo al que invitaron a los número uno y dos de televisa, Emilio Azcárraga y Miguel Alemán Velazco.

Allí, Azcárraga concluyó con un lacónico: “por más que se diga, no se puede manipular a la gente”.

Desde entonces, la llamada izquierda mexicana –la misma que hoy dice que está en el poder–, se encargó de recordarle a los mexicanos que los medios de comunicación son poderosos instrumentos de manipulación a favor del poder en turno; el poder presidencial, sea del viejo PRI, sea del nuevo PRI, hoy enmascarado con el disfraz del partido Morena.

Pero las contradicciones no terminan ahí.

Vale recordar que durante el gobierno de Cuauhtémoc Cárdenas –en junio de 1999–, fue asesinado “Paco Stanley”, comediante estelar de Azteca, poco después de salir de la televisora.

Igual que hoy, aquel 1999, Ricardo Salinas hizo tronantes declaraciones justo contra los gobiernos de la llamada izquierda, en especial contra el jefe de gobierno, Cuauhtémoc Cárdenas, al que exigió resultados.

En ese tiempo, el neoliberal Salinas Pliego era un severo critico de los gobiernos de izquierda y, por tanto, se lanzó como pocos contra Cárdenas.

Salinas Pliego, como saben, se beneficio de la venta de los activos de Televisión Azteca, la entonces principal televisora oficial, gracias a su amistad con el ex presidente Carlos Salinas., quien además era su paisano. Pasó de ser un exitoso mueblero de pueblo, a poderoso empresarios de medios.

Otro que también se benefició de la venta de activos del Estado, también durante el gobierno de Carlos Salinas, fue Carlos Slim, a quien le fue vendida, a precio de regalo, la rentable empresa Teléfonos de México, la principal telefónica del Estado y pilar del imperio de Slim.

Con el paso de los años, tanto Ricardo Salinas, como Carlos Slim, pasaron de neoliberales críticos de los gobiernos de izquierda, a convencidos amigos del dizque izquierdista aspirante presidencial, López Obrador, a quien financiaron no pocos de sus periplos presidenciales.

Hoy, Salinas y Slim, son reconocidos soldados del presidente Obrador y no sólo van contra la tendencia mundial que establece la separación social –el aislamiento y quedarse en casa–, como medida efectiva contra la pandemia de Covid-19, sino que igual que el irresponsable presiente, llaman a salir a la calle, a comprar y llevar a las familias a los parques.

Pero, como ya se dijo, el más irresponsable –que ganará el galardón del empresario más irresponsable del mundo–, es Ricardo Salinas Pliego, a quien sólo importa la salud de sus negocios, a costa de las vidas que se pueden perder a causa de la pandemia.

¿Quién, en las debilitadas instituciones del Estado, será capaz de poner en su lugar al merolico Ricardo Salinas? ¿Será que es otro de los intocables de la dictadura de López?

Se los dije.