Cuando se convirtió en presidente de los mexicanos, Miguel de la Madrid hizo todo lo necesario para llevar a prisión a Jorge Díaz Serrano, quien era un poderoso director de Pemex y el más fuerte contendiente presidencial contra De la Madrid.

Cuando llegó al poder presidencial, Carlos Salinas hizo todo lo necesario para llevar a prisión a Joaquín Hernández Galicia, motejado como “La Quina”, quien apostó por la victoria de Cuauhtémoc Cárdenas. En venganza, Salinas llevó a cabo lo que todos los mexicanos conocieron como “El Quinazo”.

Cuando el candidato Luis Donaldo Colosio era el inevitable ganador a la presidencia de la República, manos aún no conocidas lo asesinaron en Lomas Taurinas, por medio del “bulto” conocido como Mario Aburto

Cuando Ernesto Zedillo –el candidato sustituto de Colosio–, consiguió en las urnas el puesto de presidente de los mexicanos, llevó a prisión a Raúl Salinas y mandó al exilio a Carlos Salinas, al que todos motejaron como “El Villano Favorito”. Zedillo vengó el manoseo de Los Salinas en la sucesión de Colosio.

Cuando Vicente Fox llegó al poder presidencial, muchos de sus más cercanos colaboradores le pidieron llevar a prisión “a los peces gordos” de la corrupción. Pero demócrata, el guanajuatense no persiguió por consigna a nadie.

Cuando Felipe Calderón llegó al poder presidencial, muchos de sus más cercanos colaboradores le presentaron pruebas de las raterías de políticos y empresarios. Calderón, otro demócrata, tampoco persiguió por consigna a ningún político y menos empresario.

Cuando Enrique Peña Nieto llegó al cargo de presidente de los mexicanos, llevó a prisión a la profesora Elba Esther Gordillo, dirigente del SNTE y principal opositora a la reforma Educativa. Peña llevó a la cárcel a “la profesora” como pago al PAN y al PRD por el apoyo a sus reformas.

Cuando el gobernador “independiente” de Nuevo León, Jaime Rodríguez Calderón, alias El Bronco llegó al gobierno estatal, por diez horas llevó al prisión al ex gobernador Medina, en venganza porque, en su momento, el ex mandatario pendejeó a El Bronco como potencial gobernador.      

Como acaban de ver en el extenso listado de venganzas presidenciales –sólo una pequeña parte de las venganzas que registra la historia–, el desquite desde el poder presidencial es parte del ejercicio del poder.

Lo simpático del tema es que en todos, o casi todos los casos arriba citados, el sujeto de la venganza resultó ser inocente de la persecución de su respectivo sucesor.

Más aún, en todos o casi todos los casos el tamaño de la venganza ha resultado igual al tamaño de la inocencia del acusado.

Es decir, entre más severa es la persecución, entre más duro es el escarnio y más cruel la venganza, la inocencia suele ser mayor. ¿Por qué?

Porque el tamaño de la venganza suele ser del tamaño de la traición y sobre todo, del tamaño de la persecución.

¿Por qué López Obrador ordenó al Fiscal General y al Poder Judicial violar todas las reglas legales para llevar a prisión a Rosario Robles?

Por una razón elemental.

Porque Rosario Robles es inocente.

¿Lo dudan?

Si la señora Robles fuera culpable de la infamia de la que es acusada, López Obrador no tendría la necesidad de ordenar el montaje que llevó a la cárcel a la ex presidenta del PRD.

¿Para qué el montaje, para qué violar la ley, para que exhibir el sometimiento de la Fiscalía y el Poder Judicial, si Robles fuera culpable?

Sí, queda claro, el tamaño de la venganza de AMLO, contra Rosario Robles, es del tamaño de su inocencia.

Se los dije.