Fue un crimen de estado el que desencadenó la lucha de la más importante activista por los Derechos Humanos en la historia de México.

El 18 de abril de 1975, Jesús Piedra Ibarra, joven militante de la Liga Comunista 23 de Septiembre fue detenido en Nuevo León por elementos de la Policía. Nunca se supo más de él. Su madre, Rosario Ibarra de Piedra, dedicó el resto de su vida no sólo a la búsqueda de su hijo, sino de miles de personas desaparecidas durante los sexenios de Gustavo Díaz Ordaz, Luis Echeverría y José López Portillo como parte de la llamada “guerra sucia”.

Con el dolor de una madre que buscaba a su hijo, Rosario entendió que su lucha no era individual, sino que era colectiva, porque eran cientos de madres, padres y familiares que buscaban a algún hijo o algún hermano desaparecido; para que en este país se respetaran los derechos humanos y el Estado de derecho”, comentó René Arce sobre el legado de la ganadora de la medalla Belisario Domínguez.

Rosario Piedra Ibarra, hija de Rosario Ibarra de Piedra, recibe a nombra de su madre la Medalla Belisario Domínguez en el Senado

Arce, quien formó parte de la misma lucha armada que Jesús Piedra Ibarra y también coincidió con Doña Rosario en el Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT), platicó con Contrapeso Ciudadano sobre la vida y obra de la activista.

La génesis de los derechos humanos

Tras años de militar en la Liga Comunista 23 de Septiembre, después de perder a sus familiares en la lucha armada, y luego de permanecer en prisión –de donde salió gracias a la Ley de Amnistía de 1978– Arce conoció a Doña Rosario a través del PRT.

Desde 1977, Ibarra de Piedra había fundado el Comité Pro Defensa de Presos, Perseguidos, Desaparecidos y Exiliados Políticos, también conocido como Comité ¡Eureka!, una organización de madres y familiares de desaparecidos a raíz de la persecución y detención ilegal de militantes de movimientos políticos y sociales.

“En aquellos años surgió un movimiento por encontrar a políticos que se habían dedicado a la lucha armada y que habían sido desaparecidos por elementos del gobierno o del Estado en aquella época, como la «Brigada Blanca», el Ejército o la policía. Rosario era la que encabezaba la lucha de esos familiares y el PRT decidió brindar su apoyo. Me tocó entonces conocerla a ella, con quien tuve la oportunidad de platicar y de entender su lucha, porque efectivamente muchos compañeros nuestros estaban desaparecidos y fue así como iniciamos en aquella época con Pedro Peñaloza, como Urania Chavarría, Edgar Sánchez y otros más un acompañamiento a Rosario en esa lucha», explicó Arce.

Posteriormente, en 1982, Ibarra de Piedra sería la primera mujer en competir por la presidencia de la República, precisamente abanderando al PRT, que volvería a postularla en 1988.

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Cuestionado sobre el legado de la activista, Arce no duda en afirmar: 

“Hoy no entenderíamos la existencia de comisiones de derechos humanos ni se habrían elevado a rango constitucional los derechos humanos sin esa lucha que Rosario dio por varias décadas desde los años setenta. Rosario marcó indudablemente esa lucha por los derechos humanos, por encontrar a personas desaparecidas y a las perseguidas por sus ideas, por sus formas de actuar”.

Y añade:

“Me parece que el legado fundamental de Rosario es que logró que en este país se pusiera en el centro de las cosas el tema de los derechos humanos. Hoy todo el mundo habla de derechos humanos, todo el mundo acude a comisiones por todos lados, pero el génesis de esa lucha lo encabezó Rosario Ibarra de Piedra”.

Los desaparecidos

Jesús Piedra Ibrarra, Hijo de Rosario Ibarra de Piedra

Hablar de la historia de Rosario Ibarra de Piedra significa hablar también de un problema presente en la historia de México desde hace ya más de cinco décadas: las desapariciones forzadas.

Cifras oficiales indican que fueron 480 las personas desaparecidas durante la “guerra sucia”, aunque estimaciones indican que podrían ser miles los casos como el de Jesús Piedra.

“El hijo de Rosario, Jesús, tendría en este momento la misma edad que yo, 63 años”, comenta Arce:

“Éramos unos jóvenes en los años setenta que decidimos adoptar el camino de las armas para cambiar la situación de este país. Éramos jóvenes utópicos, que estábamos equivocados en nuestras apreciaciones de cómo hacer esos cambios. Quizá tampoco nuestros métodos eran los más adecuados. Sin embargo, la obligación del Estado era en todo caso juzgarnos conforme al derecho, y no a través de métodos represivos como los que se dieron, como la tortura”, comenta.

En ese sentido, Arce apunta que la lucha de Ibarra de Piedra fue fundamental para que miembros de la guerrilla fueran juzgados conforme a derecho. Recordemos que previo a la publicación de la Ley de Amnistía de 1978, Ibarra y el Comité ¡Eureka! realizaron una serie de huelgas de hambre para exigir la presentación con vida de los desaparecidos por un régimen autoritario con nulo respeto por los derechos humanos.

Guerra sucia, el origen del crimen organizado

Cuestionado sobre el fenómeno de las desapariciones en la actualidad, Arce apunta que se trata de un fenómeno distinto al de la “guerra sucia”, donde el victimario era el Estado. Sin embargo, señala que existe una relación estrecha entre lo ocurrido en aquella década y la proliferación del crimen organizado, que hoy en día perpetra la mayoría de las desapariciones:

“Ahora el asunto es diferente porque lo que se da es un fenómeno que tiene que ver más bien con una delincuencia que se dejó crecer precisamente a partir de que el gobierno de aquella época le permitió a aquellos que condujeron la “guerra sucia” encargarse de administrar, dirigir y de organizar a la delincuencia”, asegura. 

René Arce, exmilitante de la Liga Comunista 23 de Septiembre, del Partido Revolucionario de los Trabajadores y del PRD

“No nos olvidemos que gran parte de quienes estuvieron al frente de la guerra sucia Arturo Durazo, Alfredo Ríos Galeana, Nazar Haro… todos los grandes jefes policiacos que se hicieron cargo de la guerra sucia después se les premió entregándoles la coordinación, organización y administración de los negocios del crimen organizado: la droga, el secuestro, el robo de autos. Todos ellos fueron premiados de esa manera para poder delinquir a sus anchas y hoy tenemos el resultado de que el crimen organizado está en los niveles que está porque los equipos de seguridad e inteligencia fueron puestos a su servicio por gobiernos de aquella época de López Portillo, de Echeverría y de otros más que se prestaron a eso”, concluyó

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