Vendido por sus promotores como un ejercicio democrático de participación ciudadana; rechazado por sus detractores como un primer paso hacia la reelección o la ampliación de un periodo de gobierno, el tema de la revocación de mandato se ha anclado en la agenda pública desde el triunfo de Andrés Manuel López Obrador en la elección presidencial.

Ahora, una vez que las reformas constitucionales en dicha materia fueron aprobadas por el Senado de la República, es necesario hacer una reflexión profunda sobre sus verdaderos alcances e implicaciones.

Al respecto, el analista político Fernando Dworak opina que la revocación de mandato es un mecanismo sobrevalorado desde ambas posturas:

“Mucho se ha hablado de lo que fue la revocación de mandato en Bolivia y en Venezuela… Sí, pero también hay revocación de mandato en Estados Unidos desde el Siglo XIX”, comentó en entrevista para Contrapeso Ciudadano.

Si bien el especialista considera los términos en que se aprobó el dictamen disipan ciertos riesgos –como la intervención del Ejecutivo en la elección intermedia de 2021–, también alerta sobre otras posibles consecuencias, como la creación de un ambiente más polarizado.

¿Un paso hacia la reelección?

El dictamen aprobado en el Senado de la República contiene varias modificaciones respecto a la propuesta original planteada por el presidente López Obrador y la aprobada en Cámara de Diputados. Entre las más importantes, destaca el hecho de que ni el presidente ni el Congreso podrán solicitar que se realice la consulta de revocación de mandato. Además, contrario a lo planteado originalmente, la consulta ya no se empataría con el proceso electoral federal.

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“El tema que pudo haberse planteado en la redacción original es: si el presidente tiene la capacidad de convocar a su propia revocación no estaríamos hablando de una revocación, sino de una ratificación de mandato. Y bajo esa premisa, el presidente podría haber jalado votos hacia su partido en la elección intermedia para ganar una mayoría. Pero ese riesgo particular no lo observo en la redacción final”, comentó el especialista respecto a los cambios realizados al dictamen.

Cuestionado sobre el supuesto riesgo de que la consulta sea utilizada por el presidente como un trampolín hacia la reelección o hacia una ampliación de mandato, Dworak dijo que no observa ese peligro, debido a que el dictamen establece reglas claras para el ejercicio.

La polarización como consecuencia

En la opinión de Dworak, hay elementos que podrían mejorarse del dictamen aprobado por el Senado. Por ejemplo habría que elevar el umbral de firmas necesarias para solicitar la revocación del mandato de los gobernadores, considerando que en los estados los padrones no son tan amplios.

No obstante, el académico acota: “Todo el mundo cree que el Senado hizo algo muy malo cuando en realidad, aunque no esté bien diseñado, el dictamen no es tan dañino como se proponía originalmente”. 

Pese a ello, Dworak alerta que una consecuencia de la revocación de mandato podría ser la creación de un ambiente más polarizado en torno al Ejecutivo.

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«Vamos a tener a un grupo de personas lo suficientemente fanatizadas en contra del presidente que van a querer revocarlo», señaló.

Además, comentó que si bien los esfuerzos de los detectores del presidente serán inocuos, estos «van a ser lo suficientemente ruidosos para enardecer a los líderes extremos en pro del gobierno, y obviamente eso no abona a un ambiente de gobernabilidad o a un ambiente de conciliación. Y yo creo que ahorita deberíamos estar pensando en cómo nos comunicamos entre extremos ¿Por qué? Porque el gobierno nos quiere tener a todos divididos», apuntó.

 Mecanismo extremo… que no soluciona

Finalmente, Dworak explicó que la revocación de mandato está sobrevalorada: en realidad se trata de un mecanismo que debe emplearse en casos extremos, y que no propicia un cambio de fondo:

«Si se quita al gobernador o al presidente en el cuarto año, automáticamente habría un sustituto que cerraría el periodo de gobierno. Es decir, no hay un cambio de gobierno en realidad; no hay un cambio de fondo más allá de una persona que es revocada«, expuso.

«Se quita al gobernador o al presidente, pero permanece el partido», añadió.

En ese sentido, el analista consideró que en términos comunicacionales, la discusión en torno a la revocación de mandato significó una derrota para la oposición: “Lamentablemente vimos a una oposición tan centrada en el encono, tan centrada en el odio, tan centrada, en la oposición rampante, que nunca propuso nada y obviamente si no propones nada te quedaste fuera del juego”, comentó.

Desde su punto de vista, tanto los partidos de oposición como editorialistas y opinólogos erraron al centrar la discusión en la forma en que ha sido aplicada la revocación de mandato en países sudamericanos. Y es que, de ese modo, polarizaron la discusión en un tono emotivo, dejando de lado el hecho de que en otros países, como Estados Unidos, la revocación ha sido aplicada a alcaldes y –en menor medida– a gobernadores. partiendo del supuesto de que la consulta sólo puede ser solicitada por una tercera parte del padrón.