En tiroteo en el colegio Cervantes de Torreón Coahuila, en el que un menor de 112 años asesinó a su maestra y luego se suicidó, ha puesto en entredicho los protocolos actuales en las escuelas de México. De tal manera, que los retos de las escuelas en México han salido a la luz.

En redes sociales e han difundido diversos casos en que los maestros intentan ayudar a los jovenes pero las autoridades de las escuelas no se los permiten.

En este sentido, una maestra de un colegio privado en el Estado de México, indicó para Contrapeso Ciudadano, indicó que se debe trabajar mucho más en el estado psicológico de los menores.

«Yo considero que la mayor lección de este evento, es reconsiderar lo que hacemos (o no hacemos) para crear ambientes respetuosos, en dónde los alumnos puedan expresarse libremente sin temor a ser atacados por compañeros y mucho menos profesores. Aunado a esto, espacios de «expresión sana». Esto implicaría trabajar constantemente con las emociones de los alumnos dado que, asumo que las actitudes de los niños, niñas y adolescentes se califican simplemente cómo una etapa. Es decir «la etapa de la rebeldía», «la etapa del drama», «la etapa en que son sensibles e incomprendidos», pero no hay nada más allá de simplemente encaciarlos», indicó la maestra..

Es una responsabilidad de padres y maestros

En este sentido, la maestra, quien prefirió no revelar su nombre, indicó que también es una responsabilidad de los padres. Ya que, considera que los son quienes permiten muchas de esas situaciones violentas, al descuidar a los menores.

«El trabajo conjunto del que hablo, aunado a los espacios en que los alumnos puedan expresarse no sólo deben platearse físicamente en las escuelas sino intangiblemente con los padres, en casa. Yo misma he visto cómo los padres dejan toda la educación de los jovenes en manos de los profesores. Cuando yo he dejado actividades que los alumnos deben trabajar en casa con sus padres casi nunca, o nunca las hacen con ellos. Por el tiempo, la disposición y un sin fin de motivos en dónde bien valdría la pena ahondar pero quizá no me corresponde».