México. Con la llegada al poder de Andrés Manuel López Obrador, también llegaron los superdelegados: elementos que representan la decisión presidencial en estados del país. A dos meses de mandato, la mayoría de los llamados superdelegados han mantenido un bajo perfil, no tienen poder real de maniobra sobre los recursos federales que llegan a las entidades y han sido desplazados por los nombramientos directos que hace cada secretaría de Estado.

Fue a mediados de diciembre que el presidente López Obrador se reunión en privado con integrantes de su gabinete y se determinó que los llamados superdelegados sólo fungieran en labores de vigilancia de los recursos e integración de padrones de beneficiarios de programas sociales.

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¿Cuál sería entonces el beneficio que aportan estos nombramientos al estado mexicano?

El poder real en las entidades se ha visto mermado como es el caso del superdelegado en Veracruz, Manuel Huerta Ladrón de Guevara: en entrevista con Excelsior, Huerta aseguró que en lo político su actuación se ha desdibujado poco a poco y él mismo ha señalado que su postura ahora ha cambiado porque ya no ocupa un liderazgo en el partido Morena, luego de haberlo encabezado en la entidad.

Algunos de los llamados superdelegados eran dirigentes Movimiento Regeneración Nacional en sus estados antes del triunfo de Andrés Manuel López Obrador. Otros fueron designados candidatos a alguna de las gubernaturas en juego, lo que les daba una gran proyección a su carrera.

Mientras que los gobernantes estatales guardan distancia de los designados por el presidente, los mismos delegados muestran su postura respecto al cargo conferido que los mantiene en el limbo de la correcta ejecución del cargo.

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La Ley Orgánica de la Administración Pública Federal establece en su Artículo 17 que los delegados tienen la encomienda de coordinar los programas, supervisarlos, siempre bajo el mandato directo del Presidente.