El movimiento obrero en México, se originó en la segunda mitad del siglo XIX y tuvo sus primeras manifestaciones a principios del siglo XX, durante las huelgas de trabajadores, como las de los tabacaleros de 1905, la de mineros Cananea, en 1906 y la de los trabajadores textileros de Río Blanco en 1907.

Los antecedentes del movimiento obrero mexicano se remontan a los primeros intentos de industrialización del país, después de la Guerra de Independencia y la finalización de la intervención francesa en México en la segunda mitad del siglo. Nació justamente en los sectores industriales más poderosos del país; el minero y el textil.

Los primeros brotes anarquistas en 1865, de grupos de trabajadores que luchaban aisladamente por reivindicaciones, fueron neutralizados por los empresarios y el gobierno.

Los sucesivos gobiernos de Benito Juárez, Sebastián Lerdo de Tejada y Porfirio Díaz, combatieron de manera férrea cualquier tipo de organización sindical o lucha reivindicativa, cabe aclarar que todavía no se contemplaban los derechos sociales. Aunque en la Constitución de 1910, gracias al ideólogo Ricardo Flores, y diputados constituyentes que comulgaban con sus ideas.

El movimiento obrero mexicano fue muy poderoso e influyente del país, entre los años 40 y 60 del siglo XX, debido a sus vínculos políticos.

Hoy en la actualidad México es un país donde predomina la fuerza de ciertas centrales obreras, que por sexenios se vieron favorecidas por sus gobernantes. Se esmeraron en acumular cuotas sindicales y vivir como reyes, olvidándose de su razón de ser, velar por los derechos de los trabajadores. Eso provocó que los trabajadores tuvieran desconfianza en sus dirigentes obreros y empezaron a rechazar a los sindicatos, debilitando la membresía del sindicalismo en nuestro país. Debo confesar que es con justa razón.

Siendo objetiva, también reconozco que hay representantes sindicales que se esmeran por cambiar la visión de los trabajadores predicando con el ejemplo, esos representantes que son mínimos, reconocen que los trabajadores son sus patrones y que se deben a ellos. Por eso están al pendiente de ellos y hasta de sus familias, implementando programas sociales, beneficiando a  los trabajadores. Además de esos programas sociales, están haciendo una transformación sindical sensata, responsable, donde el actor principal es el compañero trabajador. Por eso pocas, por no decir una sola, centrales obreras tienen como temas centrales la capacitación, productividad, educación y certificaciones en competencias laborales. Esto con el fin de elevar la productividad de las empresa donde laboran y consecuentemente reflejarse en los salarios de los trabajadores. Así se genera una sinergia bipartita entre  trabajadores, y empresa. Eso es una maravilla. Debo confesar que el tema me apasiona, pues no todo es malo en nuestro país.

Hay un caso de éxito que no quiero dejar de mencionar, la intención es que se motiven las demás centrales obreras y puedan implementarlo también. El representante sindical detectó que entre sus agremiados de una proveedora de autopartes en Puebla, había un problema serio de compresión de lectura y matemáticas, que impedía el desarrollo de esos trabajadores, para las tareas especializadas que ellos desempeñan. Preocupado por la baja productividad le propone a la empresa un diplomado muy práctico con el fin de apoyar a los trabajadores y elevar la productividad de la empresa. A través de un convenio con una universidad poblana, con la empresa y sindicato, se superó el problema. Primero con un diplomado para 50 trabajadores, y hoy 35 de ellos cursan una ingeniería diseñada exclusivamente para esa empresa. Un caso ejemplar.

Después de los resultados del 1 de julio, donde se le da por vencedor en las urnas a Andrés Manuel López Obrador, para ser presidente de México, empezaron una serie de especulaciones y ruidos adelantados. Supuestamente Napoleón Gómez Urrutia sería del nuevo Fidel Velazquez del partido MORENA. Pues se comentaba, y dicho por él, que venía a México a cortar cabezas y  desmembrar a dos centrales obreras reconocidas en el mundo, y así quedarse con sus Contratos Colectivos de Trabajo, para tener la fuerza suficiente y así ser cabeza en el movimiento obrero en México. Para lograr su gran hazaña, empezó a buscar aliados ambiciosos que pensaran igual a Napoleón, pues como dirigente sindical no tiene la remota idea de lo que significa, jamás ha sido obrero, parece más bien empresario y por eso ve desde otra perspectiva al sindicalismo.

Gómez Urrutia se ha dedicado a reventar empresas y a detentar Contratos Colectivos de Trabajo, con violencia.

Napoleón heredó el sindicado de su señor padre, quien sí fue un digno representante de los mineros.  Por supuesto que varias centrales obreras y sindicatos se veían ya con nuevos contratos y más cuotas sindicales, para eso, empezaron a reunirse con Gómez Urrutia, con el fin de crear una Confederacion, pero por otro lado, la relación entre nuestro presidente y el representante minero  ya no era la misma como en Canadá. Se dice que lo hizo Senador de la República por el partido MORENA, para saldandar el compromiso creado en campaña.

Al poco tiempo de iniciar el presente gobierno federal, aparece otro actor en escena, Pedro Haces, que tampoco es obrero ni representante sindical. Es empresario y eso todos lo sabemos. No sabe de revisiones contractuales, recuentos, mucho menos de cómo es la vida sindical entre el trabajador y la empresa. Es senador de la República, también por el partido del presidente de México. Anuncia  con bombo y platillo que él es el elegido y también lanzando amenazas diciendo que viene a terminar con la CTM, la CROC, y demás centrales obreras que conforman el Congreso del trabajo.

Por supuesto que los que ya se habían apalabrado con Napoleón, ahora se ven en un dilema, y empiezan a sondear por ambos lados cuál es el que les conviene. Ambos “representantes obreros”, hacían sus mejores propuestas para enamorar a los que se les querían unir para fortalecer su liderazgo y poder, y así auto nombrarse  “el bueno”, el elegido del presidente.

Aquí hay algo que me preocupa gravemente. Hay un rumor muy fuerte donde se dice que el abogado laboralista, Arturo Alcalde Justiniani, quien ha asesorado en luchas sindicales y la más reciente fue la tensa negociación entre Aeroméxico y el sindicato de pilotos, que estuvo a punto de llevar a la aerolínea a huelga, que por cierto también es padre de la secretaría del Trabajo, Luisa MarÍa Alcalde; y además el principal autor de la iniciativa a la reforma laboral, impulsada por el propio gobierno federal. Desde luego que eso no lo convierte en un papá prohibido por la labor que representa, aunque se podría decir que es un conflicto de intereses. Aquí lo verdaderamente preocupante es que Arturo Alcalde se convierta, en el tercer nuevo actor en la escena del mundo laboral en México. Se dice que al abogado laboralista, está formando también una confederación de sindicatos obreros, y que él es el contrapeso de Napoleón, Pedro Haces y demás centrales obreras.

Aparte de ser un terrible conflicto de intereses, el abogado es considerado como un auténtico radical en cuestiones laborales, imagínense lo que esto implica en el mundo laboral. Quiero ver si algún representante sindical del Congreso del Trabajo va a permitir que estos tres supuestos elegidos, pretendan mermar su representación de agremiados, que les detenten CCT, y quedar bajo el liderazgo de los supuestos elegidos de AMLO.

Todos están más preocupados por saber quién es el bueno, cuidar sus parcelas y hacer alianzas fingidas, que  estar pendientes de los cambios que pretende hacer el gobierno a la Ley Federal del Trabajo.

Señor presidente Andrés Manuel López Obrador, ¿Dónde queda el respeto a la autonomía sindical en nuestro país?, ¿Qué papel jugaremos las mujeres representantes sindicales en su agenda?

Madero sentía la libertad y creía en ella, significativamente usted señor presidente se lo reprocha citando con ironía su frase “Si tenemos libertad, todos nuestro problemas están resueltos”. La libertad que buscaba Madero no era simulada, no buscó la expansión del poder sino el ejercicio limitado, legal e institucional del poder.

Definitivamente Madero predicó con el ejemplo, legalizó el Partido Católico (cosa impensable para los jacobinos), defendió la libertad del sufragio, inauguró la LIBERTAD SINDICAL, respetó la independencia del legislativo, la autonomía de los jueces y el pacto federal. Su negativa de parecerse a Porfirio Díaz, se interpretó como debilidad, sin embargo no le importó y recuperó el orden constitucional.

Usted ha comentado en repetidas ocasiones que quiere estar a la altura de Madero, y de verdad que lo veo muy bien, siempre y cuando sea verdad y no solo por politizar la historia, hacerla suya y a modo.

Con las reformas a la LFT, estoy de acuerdo que los compañeros trabajadores  cambien a los dirigentes que no han respondido a sus intereses y que no se sientan representados, pero el gobierno ¿hará tabla raza en una cacería de brujas?  ¿O de plano el verdadero fin con estos actores improvisados que pretenden hacer el papel de dirigentes sindicales, es corporativizar a esas nuevas organizaciones sindicales, que se hacen llamar las elegidas por usted, y que se conviertan en la cabeza del movimiento sindical en México, debilitando a las demás centrales obreras?

Debería de darse el tiempo de ver qué sindicatos sí hacen su chamba y quiénes no. Y sobre eso, solo decidirán los trabajadores y no usted. Pero no imponga a sus cuates, usted sabe que no será posible, pues los demás representantes sindicales  no creo que lo permitan, y menos si nunca han sido obreros. ¿Si sabe que ya se están organizando?

Por eso al principio le pregunté, ¿Quién es el bueno, señor presidente? Lo ideal es que no exista. Debe prevalecer la verdadera libertad sindical y respeto a su autonomía.

Daniela Acosta.

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