Esa es una de las cuestiones y nadie acierta en la predicción. Bill Gates, en los años 90, les auguró una década más. Falló. Y desde entonces gurús, videntes del negocio, chamanes de la causa, santeros del medio y también algunos profesionales solventes especulan sobre la caducidad de la celulosa.

No solamente a partir de 2008 con la crisis financiera a nivel mundial ha sido la causa de varias publicaciones que hoy no existen más. La cuestión: la era digital.

El 26 de marzo de 2016 el diario británico The independent cumplía 40 años de aventura cerrando su edición impresa. El titular de portada era tan luctuoso como exacto: «¡Paren máquinas!».

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El Informe Anual de la Profesión Periodística centrado en 2015 y elaborado por la Asociación de la Prensa de Madrid (APM) cifró en 375 los medios de comunicación que han cerrado en España desde que se instaló la crisis de 2008.

En Estados Unidos la cifra abulta algo más, aunque no es tan devastadora. La compañía de medición Nielsen Scarborough detectó una caída del 21 por ciento de los ingresos por publicidad en el tercer trimestre de 2016 en tres cabeceras principales: The Wall Street Journal, un 21 por ciento; en The Times, un 18 por ciento; y en The New York Times, un 18,5 por ciento. En esa histeria se acomoda la realidad del periódico impreso.

¿Hasta dónde llega el tiempo de descuento de los periódicos? ¿Hasta cuándo es posible su reconversión, su partido de vuelta? ¿Por qué los necesitamos?

Los agregadores de noticias (el extinto Google News y los activos Yahoo News, Meneame, Bing News…) han reventado el pacto que existía con el lector en el ámbito del modelo tradicional. Diríamos que han rebajado la ambición de los medios. Un punto de fuga que ya habían inaugurado cientos de miles de lectores adelgazando su confianza en los periódicos.

Hay dos generaciones que ya no se enganchan a los periódicos. Nacieron sin ellos. Unos de parto natural, otros por que el papel les suena muy siglo XX: es ruidoso y lento. Da igual que pueda ser más fiable, incluso más seguro. Y hay una tercera generación que se va desconectando con cierta alegría de andar en favor de la pantalla.

Según Business Insider, en el año 2009, se evidenció una tendencia a “la muerte” de los periódicos: 105 periódicos habían cerrado a nivel mundial.

En México, un país de más de 120 millones de habitantes, el tiraje cotidiano de todos los diarios impresos no llega a un millón. Desde 2008 el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) dejó de publicar cifras sobre tiraje, circulación y empleo en la prensa mexicana.

Las últimas cifras, desde entonces, reflejaban una caída en los tirajes de los medios: en 1995 y 1996 la caída fue de 15.5 y 13.8 por ciento, como resultado de la crisis económica de esos años; entre 1997 y 2000 las cifras fueron positivas, pero de 2001 a 2006 la caída fue constante, hasta llegar a un 10.7 por ciento menos de tiraje entre 2005 y ese año, cuando los impresos bajaron de 827 mil 784 a 694 mil 775.

La última cifra disponible en el INEGI es de 2008, cuando el tiraje total fue de 708 mil 779 para todos los periódicos, incluyendo ediciones matutinas, meridianas y vespertinas. Es decir, menos de un millón de ejemplares para un país de más de 120 millones de habitantes.

Aun así, los diarios suben poderosamente sus usuarios únicos mientras que las versiones en papel pierden cada vez más difusión. La primera palabra que impacta a los medios impresos en una era digital es la inmediatez.

Un estudio de Ross Dawson, especialista en este tipo de cuestiones, ve a los periódicos de Estados Unidos como las primeras víctimas del proceso de una desaparición total impresa. Les seguirán los de Reino Unido, Islandia, Canadá y Noruega.

En el caso de la prensa española, según la investigación, ésta desaparecerá en el año 2024, junto a la de Nueva Zelanda, República Checa y Taiwán. Los más rezagados son los periódicos de Sudamérica, África y el sur de Asia, entre otros motivos porque éstas ahora están atravesando por uno de sus mejores momentos.

Ya no habrá en los periódicos nuevos momentos de expansión. Ya no. Pero sí deben de quedar periódicos, papel prensa, porque aún son capaces de traducir con cierta solvencia la complejidad de la actualidad. Incluso las perspectivas del lector medio, ese que ha rebajado su fe en los periódicos.

MO