Acaso el mensaje de condolencia más contundente, en redes, haya sido el del expresidente Vicente Fox.

Y es que son muchos los que empiezan a fruncir el seño por el accidente que costó la vida a la gobernadora de Puebla, Martha Erika Alonso y a su esposo, el senador Rafael Moreno Valle, ya que se trataba de dos de los más activos adversarios del Presidente y de su partido.

Y le asiste la razón a Fox cuando dice contundente: “¡Exigimos una aclaración! Es difícil de aceptar esta coincidencia después de una fuerte batalla democrática por Puebla”.

Y si, en términos políticos, el presidente López Obrador, la presidenta del partido Morena y el candidato al gobierno de Puebla, Miguel Barbosa, le habían declarado la guerra a la gobernadora de Puebla y a su esposo, el senador Moreno Valle.

Guerra que termina como resultado de un aparente accidente aéreo.

Y sí, se trata de “un aparente accidente”, porque hoy nadie sabe a ciencia cierta lo que pasó, las causas y, por tanto, tampoco se puede descartar cualquier hipótesis. Como tampoco se puede encartar ninguna de ellas.

Lo más grave del asunto es que por la torpeza del Presidente Obrador y de su partido, hoy son muchos los mexicanos que tienen duda sobre las verdaderas causas de la tragedia.

¿Por qué muchos dudan?

Porque el Presidente y su partido también cometieron la torpeza de creer que quienes piensan distinto son enemigos de su gobierno e incurrieron en la irracionalidad de guerrear desde el poder absoluto contra otros poderes de menor jerarquía –como un gobernador que no se dejó someter–, lo que despierta la sospecha sobre las causas der la tragedia.

Por eso, el gobierno federal tiene la urgencia de aclarar pronto y bien la tragedia; está obligado a decir la verdad, a no jugar políticamente con la tragedia, como lo hicieron López Obrador y Morena en los tiempos de opositores, cuando llamaron “crimen de Estado” el caso de los 43 de iguala.

La tragedia de Puebla obliga al Presidente y a todo su gobierno a modificar de manera radical su comportamiento con los otros poderes, con los adversarios políticos, con los que piensan distinto y el Presidente Obrador está obligado a convertirse en fiel de la balanza de la confianza y la unidad nacional.

El presidente Obrador no puede seguir siendo el promotor de la discordia y la división, a riesgo de provocar una mayor polarización social y que todo accidente sea visto como resultado de las peleas políticas y las luchas por el poder.

Nadie dice que el de Puebla, en el que perdieron la vida dos políticos opositores de notable reconocimiento, sea un crimen de Estado.

Pero tampoco nadie tiene cereza de que se trató de un accidente.

Por eso deben investigar pronto, investigar bien y no jugar más a la guerra política.

¡Siguen sin poder con el paquete…!

Se los dije.