Primer año legislativo: No es por presumir…

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Como seguramente lo vio y escuchó una y otra vez en los últimos días, en México es época de presumir.

No sólo el presidente López Obrador está en la ardua campaña de promoción de su gobierno, también lo están los diputados y senadores toda vez que el 1 de septiembre se cumple el primer año de esta LXIV legislatura.

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En los últimos días, senadores y diputados han viajado a sus respectivos estados para “informar” sobre sus propuestas y trabajo legislativo. Sin ningún empacho, políticos de todos los partidos arman tremendos pachangones para presumir lo que han hecho durante el último año ya sea en la Cámara de diputados o en la de senadores.

Sin embargo, en no pocos casos los legisladores han “saludado con sombrero ajeno”, y al ser cuestionados por su falta de trabajo o de iniciativas lo único que logran responder es que muchas de las reformas aprobadas se han logrado gracias al trabajo conjunto de sus grupos parlamentarios y a los acuerdos alcanzados.

Es decir, contestan con respuestas genéricas al más puro estilo de los futbolistas profesionales: “todo se debe al trabajo en equipo”, “el año siguiente será mejor, tendremos mejores rendimientos”, “todo se lo debemos a nuestro capitán (presidente)”.

Y mientras senadores y diputados se siguen paseando para autopromocionarse, sus asesores y cercanos deberían echarle un ojo al último reporte legislativo de la consultora Integralia, que desmenuza el trabajo del Congreso en su conjunto y de los partidos que lo integran.

En pocas palabras, el primer congreso con mayoría morenista ha mejorado en ciertos aspectos, como en la disminución de comisiones, pero sigue presentando las mismas fallas de antes como la falta de expertise o el desaseo legislativo a la hora de presentar y aprobar las iniciativas.

Al más puro estilo presidencial, los senadores y diputados podrían decir “no es por presumir” pero hemos presentado un número considerable de iniciativas de ley sin que eso signifique que seamos más eficiente que las legislaturas anteriores, ya que muchas de las propuestas han terminado por no ser aprobadas y una que otra resultó ser una mala broma (cof cof Jesusa Rodríguez).

Tampoco “es por presumir” pero -contrario a lo que repetimos en medios y redes– sí estamos siguiendo la agenda presidencial por más que queramos parecer como independientes. Por esa razón, no creemos conveniente que nos consideren como un contrapeso real al poder ejecutivo.

Ya por último, podrían presumir que en San Lázaro sí han hecho uso de su aplanadora y de las viejas malas mañas; a diferencia del Senado, espacio en el que los morenistas han tenido que dialogar y llegar a acuerdos con la oposición, que también ha sabido responderles al aprobar las iniciativas mejor trabajadas.

La lista de los pendientes y las fallas consignada en el trabajo de Integralia vale la pena ser consultada para poner en perspectiva aquello que nos quieren vender desde la propaganda: que son mejores que los anteriores y que las corruptelas y la incompetencia se terminaron desde el 1 de julio de 2018.

Una gran prueba de ello es que los líderes parlamentarios en el Senado de esta nueva mayoría – Batres y Monreal- siguen peleando duro en sus columnas y otros espacios, sólo por un hueso que los proyectaría para el futuro casi inmediato.

No es por presumir, pero este primer año, señores legisladores, nos quedaron a deber. Otra vez.