Una de las mayores tentaciones autoritarias de todo potencial dictador –como es el caso de Andrés Manuel López Obrador–, tiene que ver con la modificación de la Constitución de su país para, con ello, cambiar las leyes a modo.

Y, si no lo saben, ese fue el primer paso que dieron sátrapas como Fidel Castro, Hugo Chávez, Pinochet y Francisco Franco, entre muchos otros dictadores.

Y eso, precisamente, es lo que propuso ayer el aprendiz mexicano de dictador, Andrés Manuel López Obrador, quien ya amenazó con modificar la Carga Magna no sólo en algunas reformas a modo –en una primera etapa–, sino que su desmedida ambición de poder lo lleva a creer lo que él mismo llamó “la cuarta Constitución, a pesar de que el México independiente lleva cuatro constituciones. Una más sería la quinta Constitución.

Pero frente a la pulsión autoritaria de Obrador, cuando habla de una nueva Constitución, surgen de inmediato las interrogantes.

¿Para qué pretende el presidente Obrador una nueva Constitución? ¿Qué de la actual Carta Magna le incomoda al extremo de que amenaza con tirarlo a la basura y crear un nuevo ordenamiento general?

¿Será que piensa en hacer un ejercicio idéntico al de su mecenas político, Nicolás maduro? ¿Será que, en efecto, está preparando el terreno para la presidencia imperial vitalicia?

Nadie sabe, con total certeza, cual es la intención final del aprendiz de dictador mexicano.

Lo único cierto es que el Presidente Obrador es capaz de todo. Y cundo decimos todo, es todo, incluso proponer una reelección al mejor estilo de los sátrapas de Nicaragua, Bolivia, Venezuela y Cuba.

Lo cierto es que desde hace años muy pocos periodistas –uno de ellos Ricardo Alemán–, han advertido del peligro de López Obrador y sus pulsiones dictatoriales.

Hasta antes de julio pasado, pocos daban crédito a las advertencias de Alemán, a quien incluso se motejaba como locuaz.

Hoy, sin embargo, vemos harto preocupados a intelectuales como Héctor Aguilar Camín, Jesús Silva Herzog, Federico Reyes Heroles y hasta algunas “pejistas” de hueso colorado como Elena Poniatowska y Guadalupe Loaeza –entre muchos otros–, que se suman a las voces que de manera abierta ya hablan del peligro de una dictadura con López Obrador.

Sin embargo, antes que analizar las razones por las que el presidente Obrador quiere una nueva constitución, los ciudadanos de a pie debemos preguntar.

¿Para qué quiere Obrador una nueva Constitución, si el presidente es incapaz de respetar la vigente Constitución?

¿Por qué no hacemos, los ciudadanos, una exigencia clara al presidente Obrador sobre el respeto a la actual Constitución, antes de que piense en una nueva Carta Magna?

Y es que López Obrador violentó la Constitución con el NAIM, con la contratación de carros tanque para mover gasolina; violo la constitución al solapar a la CNTE, al no detener a los ladrones de combustible en Hidalgo, al ofrecer amnistía a los barones del crimen organizado; violentó Obrador la Constitución al apoyar al dictador Maduro y al no responder a las agresiones del presidente Trump.

En efecto, el presidente Obrador es un violador tumultuario de la Constitución y hoy nos viene con el cuento de que hace falta otra Constitución.

No, presidente, primero respeta las reglas vigentes.

Se los dije.    

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