En México, muchos saben que el de López Obrador es un gobierno “de floreros”, mas que de integrantes de un gabinete.

Muchos comprenden que el presidente mexicano no entiende nada de las prioridades del Estado, porque no es un hombre de Estado.

Muchos entienden que Obrador es un presidente aldeano que cree que gobernar Macuspana es igual que gobernar una de las primeras 15 economías del mundo.

Muchos tratan de saber lo que pasa en la cabeza de un aldeano que no quiere ve al mundo y entender por qué México es una de las economías clave del orbe.

Y, por supuesto, son muchos los que quieren entender qué fracasó en la negociación del equipo mexicano con el presidente Donald Trump, en cuanto a migración y la guerra arancelaria.

Sin embargo, no se requiere bola de cristal para saber por qué fracasó la misión diplomática mexicana.

Fracasó el grupo de negociación con el gobierno norteamericano porque los mexicanos no son diplomáticos, porque no conocen los básicos de migración y, sorbe todo, porque tampoco entienden de economía.

En pocas palabras, fracasó el grupo de negociadores de AMLO porque dejaron en casa a los secretarios de Gobernación y Hacienda; puntales básicos de la negociación sobre los básicos de migración y repercusión económica por el castigo arancelario impuesto por Trump.

Por eso la primera pregunta.

¿Por qué integrar una misión diplomática en donde además de diplomacia se requerían especialistas en migración, economía y hacienda?

La respuesta es elemental.

Al encuentro no acudieron más que el jefe de la diplomacia mexicana, porque Marcelo Ebrard convenció al presidente mexicano de que él, Ebrard, era capaz de suplir a todos los otros especialistas del gabinete; a los secretarios de Gobernación, Economía y Hacienda.

En pocas palabras, resulta que Marcelo Ebrard cree que sus compañeros de gabinete son floreros que pueden ser reemplazados en cualquier momento y que , por tanto, son prescindibles.

Lo que no entendió el señor Ebrard es que, en el otro lado de la mesa, saben bien de la fractura del gabinete mexicano y, por tanto, desconfían de las decisiones de un solo hombre. En otras palabras, el gobierno del autoritario Trump no confía en el autoritario AMLO.

Por eso, los dos grupos de negociación no pudieron llegar a un acuerdo en cuanto a cuotas de migrantes detenidos en México, en el impacto que tendría para las economías y el comercio una cuota arancelaria de 5 por ciento que impondrá a México el gobierno de Trump a partir del lunes.

Por lo pronto, los negociadores de Trump exigieron que el gobierno de México se comprometa a contar con los agentes migratorios suficientes para detener el flujo migratorio, lo que significa que Obrador tendrá que revertir el recorte en el Instituto de Migración y tendrá que revertir su discurso sobre el trato preferencial a los migrantes centroamericanos.

En el fondo lo que falto a la misión mexicana que encabeza Marcelo Ebrard, fue talante y talento.

¿Por qué?

Porque Trump empezará a negociar parado en la imposición de cinco por ciento de aranceles, una vez que el gobierno de AMLO haya contratado más agentes migratorios y hayan garantizado una cuota de migrantes devueltos a Centroamérica.

En otras palabras, fracasaron Marcelo Ebrard y el presidente Obrador, por no entender que los floreros no sirven para hacer diplomacia.

Se los dije.