Los números no mienten, y tanto los partidos vencidos como el vencedor de la pasada contienda presidencial están obligados a realizar un ejercicio de autocrítica con base en lo que las estadísticas dicen de sus acciones de gobierno. Los gobiernos anteriores fracasaron rotundamente en el combate a la pobreza… y el actual va por el mismo camino.

De acuerdo con el reporte Diez años de medición de la pobreza en México, presentado este lunes por el Consejo Nacional de Evaluación de Política de Desarrollo Social (Coneval), el 41.9 ciento de la población de nuestro país vive en situación de pobreza, y el 7.4 por ciento en pobreza extrema.

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Lo anterior significa que en el período comprendido entre 2008 y 2018 –los últimos cuatro años del gobierno panista de Felipe Calderón y los seis de la administración priísta de Peña Nieto–, la pobreza en México apenas se redujo 2.5 por ciento, mientras que la pobreza extrema sólo disminuyó 3.6 por ciento.

Pero, por si fuera poco y debido a los cambios demográficos, esta ligera variación en términos porcentuales no significa que se haya disminuido la cantidad de pobres: 2018 cerró con 52.4 millones de mexicanos en situación de pobreza; es decir, 2.9 millones más que hace 10 años.

Lo anterior explica el triunfo del candidato que se presentó como «antisistema», con un discurso en contra de la élite política y económica, y cuya consigna de campaña fue «primero los pobres».

Los datos del Coneval obligan a quienes aspiran a construir un proyecto político alternativo a dejar de lado el cliché de que «AMLO divide a México». Un país donde más de la mitad de la población vive en situación de pobreza, y donde las personas que componen el estrato social más alto ganan 26 veces más que las del estrato más bajo, ya está dividido. En este sentido, lo que López Obrador hizo fue explotar para fines electorales las divisiones existentes.

El fracaso en el combate a la pobreza sembró el desprestigio de los gobiernos anteriores y de los partidos que los encabezaron, creando un campo fértil para la demagogia. Un dato ilustrativo sobre por qué resultó tan atractiva la plataforma electoral de AMLO en la campaña presidencial es que –de acuerdo con el INEGI– los programas sociales del gobierno representan casi el 37 por ciento del ingreso de las familias más pobres de México. 

Ahora bien: con un crecimiento económico de 0.1 por ciento en el primer semestre de su gobierno, luce complicado que López Obrador logre avances significativos en el abatimiento de la pobreza. El de AMLO es el peor arranque de sexenio en materia económica desde tiempos de Ernesto Zedillo. 

Aunado a ello, los programas sociales del gobierno obradorista tienen un enfoque clientelar. Al respecto, es significativo que AMLO haya sustituido la Secretaría de Desarrollo Social por la Secretaría del Bienestar. Ello es síntoma de un enfoque basado en la satisfacción de las necesidades de la población pero no en su desarrollo para salir de la situación de pobreza. Por ejemplo: en lugar de apoyar a los padres de familia con estancias infantiles que les permitan ingresar al mercado laboral y mejorar su ingreso, se les otorgan apoyos económicos directos.

Es decir, que en la “cuarta transformación” no estamos ante una estrategia de gobierno para abatir la pobreza, sino para crear clientelas electorales con miras a mantener el poder en 2024. O dicho de otro modo, estamos ante un gobierno que no combate la pobreza, sino que la aprovecha con fines polìticos. 

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