Los periodistas investigadores del diario El Universal volvieron a dar en el blanco.

El jueves 19 de noviembre del 2020 publicaron, como nota principal, un reportaje que exhibe otra de las pillerías de Julio Scherer Ibarra, hijo del mítico Julio Scherer García –fundador del semanario Proceso–, y uno de los empleados más fieles del dictador López Obrador.

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Resulta que “Julito” –como motejan “al hijo de papi” en Proceso–, compró un bello departamento en la exclusiva zona de Manhattan, en Nueva York, en 2014, a un costo de 1.7 millones de dólares, el cual no reportó en su declaración patrimonial como asesor jurídico del gobierno de López Obrador.

La pillería de Scherer Ibarra se suma a una larga lista de “transas” de los principales colaboradores del presidente Obrador, quines han convertido en una suerte de empresa inmobiliaria la actual administración presidencial.

Poseen lujosos departamentos, casas y terrenos que no declararon, no solo “Julito” Scherer Ibarra, sino Manuel Bartlett, Olga Sáncherz Cordero, Javier Jiménez Espriú, Irma Eréndira Sandoval, John Ackerman, Ricardo Monreal y hasta el propio López Obrador, quien mintió sobre el origen de su rancho “La Chingada”.

Lo simpático del tema, es que Julio Scherer Ibarra es el brazo derecho del presidente Obrador y que se metió al primer círculo del dictador de palacio, a pesar de su largo historial de transas y pillerías, que lo han llevado a un paso de la prisión.

Por ejemplo, el 19 de julio de 2001, el mismo diario El Universal presentó como su noticia principal que “Investiga la Secodam a Julio Scherer Ibarra”. Resulta que la Contraloría auditó la gestión de Scherer Ibarra al frente del Consorcio Azucarero Escorpión (Caze)  y encontró un desfalco de 5 mil millones de pesos.

Años después, el propio diario El Universal volvió con su primera plana al tema y, el 20 de otubre de 2001, informó que la Procuraduría Fiscal solicitó a la PGR una orden de aprehensión contra Julio Scherer Ibarra, por el presunto delito de defraudación fical, por miles de millones de pesos.

En su momento, ex colaboradores del semanario Proceso confiaron a sus colegas periodistas que, en todos los casos de las pillerías de “Julito”, el fundador de Proceso debió hacer valer su poder periodístico “para salvar” del escándalo, del escarnio y de la cárcel,  a su hijo “Julito”.

Pero otros ex colaboradores del semanario, como Francisco Ortiz Pinchetti –uno de los más reconocidos periodistas mexicanos–, publicó su propia versión de “AMLO y los Scherer”, en la que retrata a un riguroso periodista critico llamado Julio Scherer García y lo contrasta con su hijo, un verdadero pillo y maestro del oportunismo.

Así lo escribió en su colaboración para el portal Sinembargo.

Julio Scherer Ibarra, el hijo, es esencialmente distinto. Julito, como se le conoce en el medio, tuvo una larga trayectoria al amparo siempre del poder priista, el mismo sistema corrupto y antidemocrático al que desde Proceso, Scherer García fustigaba implacable y despiadado. 

“Mientras el padre golpeaba a los políticos del régimen, el junior ligaba uno tras otro cargos públicos gracias a los amigos de papá, como Eduardo “El Gordo” Pesqueira Olea, Everardo Espino o Javier García Paniagua, de quien fue secretario particular cuando ocupó la Presidencia nacional del PRI.

“Trabajó también en la gerencia del ingenio Yautepec, y luego pasó a Nutrimex, de la secretaría de Agricultura, cuando Pesqueira Olea era el titular. También trabajó en Almacenes Nacionales de Depósito y fue efímero director de Ruta 100, en el gobierno cardenista de la capital.

“Al amparo de sus relaciones políticas, Julito incursionó también en el sector privado. Con la recomendación del salinista Pedro Aspe Armella, fue director de la empresa Consorcio Azucarero Escorpión (Caze), propiedad del magnate refresquero Enrique Molina Sobrino y se vio involucrado en 1999 en un escándalo derivado de las “exportaciones virtuales”, falsas, de más de 114 mil toneladas de azúcar.

En las elecciones presidenciales del año 2000, Julito se convirtió en asesor del candidato del PRI, Francisco Labastida Ochoa. Como “consejero político” del sinaloense, Scherer Ibarra, abogado por la UNAM, se dedicaba en especial a cuestiones relacionadas con la información, con los medios, en mancuerna con Marco Bucio, alineados siempre con Emilio Gamboa Patrón.

“Llamaba, visitaba, trataba de persuadir a los columnistas que hacían críticas al candidato priista. Estaba presente en entrevistas que concedía Labastida Ochoa, intervenía para cuidar el tono, el sentido de las preguntas de los reporteros. Utilizaba el nombre de su padre, el prestigio de Proceso –como lo hizo siempre—para dar mayor fuerza a sus intervenciones.

“Derrotado Labastida Ochoa, caído en desgracia el PRI, Julito buscó entonces cobijo –con una congruencia que lo describe de cuerpo entero– ¡en el equipo de Vicente Fox! Efectivamente, Scherer Ibarra intentó colarse al área de comunicación social del futuro gobierno federal.

“Se atrevió inclusive a presentar un “hermoso” proyecto sobre el tema. Y al mismo tiempo la buscó por el lado del sector agropecuario, y hasta logró ser mencionado en algún medio como integrante del equipo foxista. Hasta que Martha Sahagún lo paró en seco…. Tiempo después, a raíz de las elecciones de 2006, Julito se acercó a López Obrador y empezó a trabajar con él como asesor en cuestiones legales”. Hasta aquí la cita.

El propio Ortiz Pinchetti volvió al tema el 18 de enero de 2019, luego de que “Julito” se deslindó del semanario Proceso, ante el conflicto de interés que significaba su trabajo como empleado personalísimo de López Obrador y presidente del Consejo de Administración de Proceso.

Así lo explicó: “A la muerte de Scherer García, acaecida en enero de 2015, Julito se convirtió en accionista de la empresa editora de Proceso, de la que había sido ya “asesor externo”.

“Como heredero de las acciones de su padre, encabezó el consejo de administración de CISA, al que hasta la fecha pertenece. Tras la apabullante victoria del 1 de julio pasado, López Obrador lo nombró, hombre de todas sus confianzas, como futuro consejero jurídico de la Presidencia de la República”.

Sin embargo, Ortiz Pinchetti revela que, legalmente, Julio Scherer Ibarra no puede ser heredero de las acciones de su padre en el semanario Proceso.

Así lo dice, luego de citar una mítica carta de Vicente Leñero, en la que se explica que los dueños de Proceso son los trabajadores en activo, no los hijos de tal o cual accionsita y que, por tanto, no es viable heredar las acciones del semanario Proceso.

Julio Scherer Ibarra no ha trabajado nunca en Proceso. Durante algún tiempo dio una asesoría externa a la empresa, pero jamás apareció en su nómina.

“A la muerte de su padre, acaecida el 7 de enero de 2015, Julito “heredó” sus acciones y se convirtió en presidente del Consejo de Administración de CISA.

“Conforme al pacto moral original –reiterado en La Carta a 18 años de la fundación—, las acciones no son heredables. Seguramente el hijo de nuestro fundador pudo esgrimir argumentos jurídicos, válidos legalmente. Moralmente, no. Nunca será admisible olvidar el origen”. Fin de la cita.

Así pues “Julito”, el brazo derecho de López Obrador, es otro pillo de la dictadura lopista; un pillo que, incluso, se apropió de manera ilegal de la herencia de su padre.

Se los dije. 

 

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