No sólo resultó un total fracaso –como muchos suponían–, sino que se convirtió en la mayor pantomima democrática de la historia mexicana.

         Nos referimos, como saben, a la elección de Revocación de Mandato que según las primeras estimaciones arrojó una participación de 15 millones de votantes, lo que confirma que por lo menos otros 15 millones de mexicanos que en julio de 2018 sufragaron por López Obrador, hoy habrían dejado de creen en el presidente.

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         Y nadie puede alegar victoria cuando luego de la farsa electoral del 10 de abril del 2022 los resultados arrojan que el presidente López perdió el 50 por ciento de sus simpatías.

         Es decir, que de los 93 millones de electores potenciales, en la jornada del 10 de junio del 2022 se habrían abstenido de votar –se negaron a participar–, algo así como 78 millones, lo que significa que repudiaron el ejercicio electoral 8 de cada 10 ciudadanos, en promedio.

         Pero si hacemos memoria, recordaremos que en julio de 2018 poco más de 30 millones llevaron a López  Obrador al poder presidencial y hoy, luego de 40 meses de su gobierno, 15 millones de sus simpatizantes lo habrían ignorado.

          Una simulación electoral que la mañana del 10 de abril del 2022 empezó cuando el comediante AMLO decidió la gracejada de escribir la leyenda: “Viva Zapata” en la boleta, en lugar de cruzar alguna de las dos alternativas propuestas.

         Farsa que a lo largo de 60 días exhibió –a los ojos de México y del mundo–, que el gobierno de Obrador es capaz de las mayores trampas, engaños y mentiras con tal de imponer su voluntad.

Sin embargo el abstencionismo de por lo menos el 85 por ciento de los potenciales votantes –poco más de 78 millones de mexicanos–, derrotó al dictador y repudió una farsa electoral que, desafortunadamente, debilita la confianza ciudadana en los procesos electorales.

Y es un golpe a la democracia porque desde el poder presidencial se engañó a los ciudadanos; desde Palacio se violó la Constitución y por instrucción de López Obrador se ordenó el mayor fraude de la historia; un engaño democrático que fue rechazado por el 85 por ciento del padrón electoral.

Grosero vodevil que debiera mandar a prisión a no pocos políticos y servidores públicos lacayos de Palacio –como Mario Delgado, Adán Augusto López y muchos otros–, quienes sin el menor pudor violentaron la Constitución y las reglas electorales básicas en abierto reto a la legalidad.

Y es que en clara violación a la Ley Electoral, Mario Delgado cometió la torpeza de organizar un carrusel de votantes en su propio vehículo, lo que fue grabado y reproducido por millones en redes sociales.

La violación amerita una sanción de entre tres y seis años de prisión.

A su vez, en los previos a la elección, el titular de Gobernación, Adán Augusto López, realizó una gira proselitista por distintas entidades del país, en clara violación a la Constitución, mientras que la noche del 10 de abril, cuando aún no existían datos oficiales, todos los gobernadores de Morena firmaron un desplegado público en el que felicitaban al presidente “por la victoria” en la Revocación de Mandato.

Un esfuerzo desesperado por revertir una derrota escandalosa para López Obrador, para su partido, su gobierno y su claque y cuyo signo distintivo apareció en los rostros desencajados de Mario Delgado y Epigmenio Ibarra –en la conferencia de prensa que ofreció Morena–, en donde el líder del partido oficial se atrevió a decir que los ciudadanos “derrotaron a los consejeros electorales”.

Al final, la abstención del 85 por ciento de los potenciales votantes, ratifica el repudio ciudadano a una pantomima electoral que ha sido la mas costosa, inútil e ilegal de la historia.

Se los dije.