Todos los días –y de distintas maneras–, los ciudadanos de a pie confirman lo que por años muchos dijimos; que un eventual gobierno de López Obrador sólo vendría por el dinero.

También durante años, muchos se negaron a esa posibilidad, engañados con el cuento de que Obrador era distinto a la mayoría de los políticos; un depredador del dinero público.

Pero acaso el mejor ejemplo del saqueo que veremos durante los próximos seis años, lo avalaron los diputados de casi todos los partidos al aprobar el engendro legislativo llamado Ley Federal de Austeridad Republicana.

¿Y qué es esa nueva ley?

No es otra cosa que una simulación de supuesto ahorro que, en los hechos, le otorga al presidente la facultad de saquear las arcas públicas, a su antojo y sin más reglamentación que su decisión personalísima y autoritaria.

Es decir, que si la Ley de Austeridad termina por ser aprobada luego de todo el proceso legislativo, el presidente podrá inventar supuestos ahorros –con argumentos como el despido por decreto de miles de burócratas–, y ese dinero lo podrá utilizar para lo que le plazca.

Y si tienen dudas de lo que ocurre en las dictaduras monárquicas, es exactamente lo mismo; el dinero público entregado al rey y/o al dictador, para que haga lo que le plazca, por ejemplo destinarlo a una fábrica de chocolates.

Pero si hacemos un ejercicio elemental de memoria, seguro muchos recuerdan las severas críticas de los otrora partidos de las izquierdas mexicanas –hoy casi todos metidos en Morena–, porque los presidentes en turno de los regímenes del PRI, tenían su propia “caja chica”.

Se quejaban los prohombres de las izquierdas, por ejemplo, de que instituciones como La Lotería Nacional, entre otras, eran auténticas “cajas chicas” para el dispendio y la ratería del gobierno y del presidente en turno.

En aquellos años y aquellos gobiernos –los de Echeverría, López Portillo y Miguel de la Madrid–, la “caja chica” por excelencia era La Lotería Nacional. Luego mudó a Pronósticos Deportivos, luego al ISSSTE y así pasó de institución en institución.

Sin embargo, hoy el cinismo del gobierno de Obrador ya es total. Incluso los fanáticos diputados de Morena aceptaron institucionalizar el zaqueo presidencial y hasta le dieron un nombre rimbombante; “Ley Federal de Austeridad Republicana”.

Con esa ley le dan al presidente la facultad de usar a su antojo distintas partidas del presupuesto, con el argumento de que fue un ahorro. ¿De verdad en el servicio público se puede hablar de ahorro, cuando las carencias son la constante?

No, lo cierto es que el concepto de ahorro no es más que un ardid “engañabobos” para que el presidente Obrador pueda disponer a su antojo del dinero público.

Pero lo escandaloso del tema es que todos los políticos, opinadores, intelectuales y críticos que hace meses eran severos al señalar el exceso y los dispendios del gobierno de Peña y que hace años cuestionaban los excesos presupuestales de Calderón y de Fox, hoy guardan silencio ante el saqueo institucional que llevará a cabo el presidente Obrador.

Pero la verdadera tragedia es que ese saqueo fue aprobado por el PAN y el PRI; los dos partidos que debieran ser opositores y contrapesos reales pero que, en los hechos, no son más que “peleles” del nuevo gobierno.

Lo cierto es que el PRI y el PAN terminaron por ser groseros paleros del gobierno de AMLO, epitome del viejo PRI.

Vale recordar que los cachorros caninos abren los ojos a los 21 días, pero los legisladores del PRI y del PAN no los han abierto en cinco meses.

¡Se los dije!