Los políticos conservadores y demagogos, como López Obrador, son expertos en hacer uso político de la religión. Se trata, claro está, de una práctica tramposa, despreciable, asquerosa y condenable.

Durante su gira de fin de semana por Sonora, al Presidente Andrés Manuel López Obrador le volvió a salir su putrefacto espíritu de predicador evangélico… ¡y de predicador aburrido, que es lo peor!

Digo, mínimo que intente imitar a los merolicos del “Pare de Sufrir”, para que le meta más energía y teatralización: López Obrador es más aburrido que una carrera de tortugas.

Pues bien, en su principal homilía de la gira, disfrazada de rollo político, el Tirano de Macuspana se aventó la puntada de decir que su gobierno trabaja para que los más necesitados tengan mejores condiciones de vida y de trabajo, enfatizando que “esto es humano, es justicia social y es también cristianismo”.

Y el fanático evangélico dijo además: “Me van a criticar, pero lo voy a decir. Miren, ¿por qué sacrificaron a Jesús Cristo?, ¿por qué lo espiaban y lo seguían? Por defender a los humildes, por defender a los pobres, ésa es la historia real. Entonces, que nadie se alarme cuando se mencione la palabra cristianismo. Cristianismo es humanismo. Todas las religiones tienen ese propósito: el humanismo, el amor al prójimo, ésa es la justicia social. A eso se le puede llamar solidaridad, se le puede llamar fraternidad, se le puede llamar de distintas maneras, pero es ser realmente fraterno con los demás, que haya humanismo, que no se le dé la espalda al que sufre”, aseguró el Pastor López Obrador.

Finalmente, remató con esta idea: “el ser humano tiene que tener amor por el prójimo, por el semejante, ésa es nuestra doctrina”.

Resulta patético que el Presidente de México haga estos papelitos, porque México es un país que constitucionalmente se asume como “Estado laico” (art. 40); y es un país que se propone luchar a favor del progreso científico y contra la ignorancia y los fanatismos (art. 3º).

Cierto, cada quien puede creer en lo que se le pegue la gana, que para eso hay libertad de opinión y de creencias; pero en el espacio público sólo se debe apelar a los principios constitucionales, es decir, al marco normativo común a todos los mexicanos. Apelar a las propias mitologías como sustento del quehacer gubernamental es patético e ilegal. Por eso López Obrador reconoció que se estaba extralimitando… ¡pero finalmente le valió madre, que por algo es campeón nacional de ilegalidad!

Si a López Obrador lo hace muy feliz la mitología cristiana, que con su pan se la coma. A mí, el cristianismo se me hace una de las mitologías más perniciosas de la humanidad. Y voy más allá: considero que los seres humanos no necesitan de ninguna especie de fantasmagoría para vivir ni para orientar sus vidas.

En la raíz de toda religión sólo encontramos miedo e ignorancia. Quien “cree”, quien “tiene fe”, desmerece su propia capacidad de razonar y se ofende a sí mismo. Y en torno a este deleznable fenómeno se han organizado pingües negocios: las religiones, las iglesias y los ministros de culto sólo son vulgares exprimidores de feligreses. Les exprimen el cerebro y les exprimen los bolsillos… ¡pero allá ellos!

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Y lo más jodido del asunto es que el Pastor López Obrador se dedica a hacer “caridad cristiana” con dinero ajeno; con el dinero que nos exprime a los contribuyentes a través de las normas fiscales, que son obligatorias y cada vez más corrosivas… ¡pero qué poca madre!

¡Ah, eso de usar el dinero público para hacer caridades privadas!

El Pastor López Obrador busca su lucimiento personal a nuestras costillas y, aparte, nos dice que debemos “amar al prójimo”… ¡miren que decirle eso a un misántropo como yo!

Si el Pastor López Obrador quiere hacer caridad en nombre de “Dios”, ¿por qué no le pide a su “Dios” el dinero que necesita y deja de joder a los mortales contribuyentes? ¿No se supone que ese fantasma llamado “Dios” es “todopoderoso”? Carajo, al menos un poco de coherencia: si su Dios hizo el cosmos mismo, seguro no tendrá problemas para generar los recursos materiales que necesita “su siervo” López Obrador para darle de comer al hambriento y de beber al sediento…

¡Por eso me fastidian las religiones, los granujas que sacan provecho de ellas (como López Obrador) y los feligreses que hacen posible todo el atropello! Amén…

¡Ah, por cierto, yo sí les doy la espalda a los “prójimos” que sufren por pendejos e irresponsables, que son la mayoría! Que los ayude su “Dios”, que para eso debe servir. Amén otra vez…

 

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