AL TIEMPO

Dice el presidente López Obrador que “será el vigilante de los procesos electorales” del país.

Dice que el INE no sirve y que es muy caro; que gasta mucho del dinero público que se debe destinar a los pobres.

Dice que, por tanto, una de sus responsabilidades es convertirse en garante de las elecciones venideras; las de 2021 y 2024.

Sin embargo, como saben la mayoría de los mexicanos, nada de lo que dijo el presidente es cierto.

En realidad el presidente mexicano nos está avisando –a todos los ciudadanos–, que están de vuelta las elecciones de Estado, aquellas en las que desde el poder, y al mejor estilo de Manuel Bartlett, el presidente metía las manos a favor de la victoria del partido oficial.

Nos avisa López Obrador que a su arbitrio, a partir de la arbitrariedad del poder presidencial, ya se prepara todo para que el resultado electoral sea de acuerdo con la voluntad del presidente, no de la voluntad popular.

Y, en efecto, ya está en marcha el mayor fraude del siglo, no con un presidente convertido en árbitro electoral, sino con el presidente más arbitrario de la historia.

Un presidente que maneja a su antojo el dinero público para la compra de votos y que hoy, ya convirtió al clientelismo en el mayor fraude del siglo, el mayor robo de las elecciones que conozca la historia.

Y es que hoy la popularidad de López Obrador y de su gobierno está en el peor momento imaginable; reporta una caída impensable y aún falta un año para la elección intermedia.

Por eso, no es descabellado que a julio del 2021, López no tenga a su favor más de dos votos, de cada diez sufragios posibles.

Por eso, como respuesta al peor fracaso político y electoral de la historia, López Obrador ya mueve sus piezas para llevar a cabo el mayor fraude de la historia.

Y también por eso, no debemos olvidar los básicos del proceso electoral mexicano y debemos estar atentos para rechazar todo intento presidencial de engaño en los procesos electorales venideros.

¿Por qué?

1.- Porque, como saben muchos, López Obrador es presidente gracias a que las elecciones mexicanas están clasificadas, en el mundo, como uno de los procesos de mayor certeza y seguridad para el ciudadano.

2.- Porque lo costoso del proceso electoral es producto, precisamente, de los candados que utiliza el INE para dar certeza, seguridad, equidad, transparencia y para hacer posible un recuento de votos confiable al extremo.

3.- Porque en democracia no hay dinero mejor invertido, que el dinero que le da seguridad a los procesos electorales, a la voluntad ciudadana, al voto de los electores, que son el centro y la razón de ser de todo proceso electoral

4.- Porque en materia electoral, los artículos Constitucionales y leyes respectivas fueron pensadas, discutidas, aprobadas por todos los partidos, y promulgadas, precisamente para que el presidente en turno no meta las manos en tal proceso.

5.- Y es que en democracia, un presidente que mete la nariz y las manos en las elecciones, es juez y parte; es parte interesada y, por eso, es el mayor contaminante de un proceso electoral que debe ser equitativo, transparente, confiable, creíble y que garantice la voluntad popular.

6.- Si desde hoy el presidente Obrador anuncia que meterá las manos en las elecciones –según él para garantizar su limpieza–, en realidad lo que nos está diciendo es que llegaron a su fin las elecciones creíbles y legales y que están de vuelta los procesos electorales amañados, ilegales, en los que el poder en turno hace y deshace a su antojo.

¿Vamos a permitir que el presidente López Obrador se robe las elecciones del 2021 y del 2024?

Se los dije, Obrador es un ladrón electoral.