Aquí lo dijimos desde el primer día de la crisis de desabasto de gasolinas; crisis que arrancó de manera simultánea al inicio del nuevo gobierno.

Dijimos que detrás de la supuesta campaña contra el robo de combustible –anunciada con bombo y platillos por el nuevo gobierno–, lo cierto es que se había cometido una torpeza mayúsculas al despedir a los responsables de hacer las compras de combustible al extranjero, que realizaba el gobierno de Peña.

Incluso probamos que cifras oficiales salidas de empresas globales, mostraban que el nuevo gobierno mexicano cometió un grave error, ya que en México la reserva de las distintas gasolinas no supera los cinco días.

Es decir, que con una semana de salir de la planeación de compra de gasolinas, provocaría lo que ya vimos en los primeros días de 2019.

Sin embargo, la respuesta del presidente Obrador y de sus principales colaboradores fue un grotesco invento que costó a los mexicanos cientos de vidas y miles de millones de pesos.

¿Por qué?

Primero, porque el propio presidente dijo que el desabasto se debió al cierre de los ductos para evitar el robo de gasolina.

Hoy se sabe que, según cifras oficiales, el robo de combustible se incrementó en casi 50 por ciento, comparado con los pinchazos que se dieron en enero y febrero de 2018.

Es decir, que la supuesta estrategia de combate al robo de combustible no sirvió de nada ¿Y por qué no sirvió para nada? Porque en realidad fue un engaño vulgar.

Pero lo más cuestionable es que para ocultar sus torpezas, el nuevo gobierno respondió con errores sobre los horrores.

Es decir, sin más planeación que la ocurrencia mañanera, el presidente ordenó comprar cientos de pipas dizque para regularizar el abasto de las distintas gasolinas.

Se dijo que la idea era impedir más pinchazos a ductos y que, por tanto, el combustible sería transportado en camiones tanque.

Hoy no se sabe, bien a bien, cuantas pipas se compraron, a quien se las compraron, dónde están, cuánto costaron. Y tampoco se sabe si sólo fue otra ocurrencia para engañar a la gente.

Pero el mayor escándalo fue la tragedia que se provocó en Tlahuelilpan, Hidalgo, por el desabasto de combustible.

Dicho de otro modo. Resulta que la tragedia se detonó a causa del caos provocado por la falta de gasolina y por la psicosis de conseguir combustible.

Pero lo peor es que a casi cien días de la tragedia no hay un solo detenido, el gobierno federal no ha sancionado a ninguno de sus empleados y las familias de las víctimas ya no importan a nadie.

¿Quién va a pagar por una tragedia que costó casi 150 vidas?

Es importante la pregunta porque el gobierno de Obrador inició una nueva ocurrencia, la de ofrecer perdón a víctimas de abuso –como las víctimas de la guardería en Sonora, entre otras–, pero nada dice de sus víctimas.

¿Por qué nadie, del gobierno de AMLO, ha perdido perdón a las víctimas de la explosión de Tlahuelilpan?

¿Quién es el verdadero responsable de crear ese clima de psicosis por la falta de gasolina?

Se los dije.