Existen cuatro tipos de personas en el ámbito laboral:

  1. Los que luchan contra viento y marea para lograr sus sueños y ser quienes se imaginaron desde niños y que el día de hoy se sienten realizados por hacer lo que siempre les ha gustado y anhelado. Esas personas son productivas y viven alegres. Si aman su profesión, entonces se preparan día a día para dar lo mejor de sí.
  2. Los que realizan un trabajo con el cual no soñaban, pero lo hacen tan bien, que es como si hubiera sido su sueño. Aprendieron a ver lo positivo de la vida; abrazaron las oportunidades otorgadas y día a día son mejores en su desempeño.
  3. Los que no quitan el dedo del renglón hasta obtener lo que tienen, pero aun teniéndolo, nada les sienta bien. No hallan pose que les acomode. A pesar de haber peleado con uñas y dientes para llegar al lugar en el que se encuentran, la amargura entra por la puerta y no encuentra salida.
  4. Los desafortunados que no tuvieron oportunidad de escoger su empleo o de soñar en su futuro. No están dispuestos a ver nada con positivismo. Odian su entorno, su situación y su estado emocional es desastroso. No hacen nada por cambiar y se hunden en un espiral de negro porvenir.
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La semana pasada, el jefe del Ejecutivo dijo: «A mí me gustaría dedicarme a la investigación histórica, ¡me fascina la historia! ¿Y por qué no?, la academia y la investigación; la docencia, el periodismo, que es un noble oficio; pero “me tocó esto” y vamos hacia adelante».

No, no le tocó. Él peleó ese puesto. El presidente de la república luchó toda su vida por el cargo que ahora representa. Perdió dos veces la contienda para la gubernatura de Tabasco. Hizo trampa para llegar a ser Jefe de Gobierno del Distrito Federal. Contendió para la presidencia del 2006 y perdió. Como es su costumbre, culpó a todos e hizo un plantón que duró seis meses, la cual destruyó negocios, desintegró familias, hubo muertos y muchos afectados de por vida. Contendió para la presidencia del 2012 y perdió de nuevo. A pesar de haber dicho que si no ganaba lo diéramos por muerto, contendió para la presidencia del 2018 y por fin se salió con la suya. Entre traiciones, mentiras y afectaciones directas a los mexicanos pisoteó lo que se pudo para obtener el cargo que ahora ostenta.

Si tanto le pesa ser el primer mandatario, ¿por qué no renuncia y se va de docente?
¿Querrá hacerse el mártir o la víctima como con sus supuestos «fraudes electorales»? ¿Siente que merece lástima o quizá, ternura?  A lo mejor si renunciara y se fuera a investigar la historia, tendría muchos alumnos y no estaría de malas todo el tiempo. Nunca es tarde para hacer lo que nos gusta.

Las personas positivas y realizadas sonríen, juegan, aprenden, enseñan, comparten, buscan el bien común y el crecimiento personal, sin lastimar a nada ni a nadie. Busquemos nuestro lugar en la vida y demos lo mejor de nosotros para vivir contentos, compartir lo que podamos y, al partir, dejar un buen recuerdo. No seamos como el presidente, quien se encaprichó toda su vida para llegar al puesto que tiene y en realidad le gustaría trabajar en otra cosa.

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