A veces creo que es ocioso repetir todo lo que ha padecido el país a manos del partido en el poder, a manos de quien juró ayudar a todo el pueblo sin importar nada. Diariamente en las noticias y en las redes sociales nos bombardean con decisiones autoritarias, insulsas y egoístas que afectan a toda la población. Sí, afectan a la clase alta, a la clase media y a la clase baja.

El Gobierno ha demostrado ser indolente ante las balaceras, los secuestros, las muertes por falta de medicinas, las violaciones, los incendios forestales, el desempleo, el problema del sargazo, la disminución en el turismo, la molestia que provocan los migrantes indocumentados en territorio nacional, el maltrato hacia los animales y el robo descarado en todos los rincones del país.

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Pero ¿y nosotros? La sociedad en conjunto llevó a ese tipo de gente al poder, porque hemos permitido que el mal comportamiento se dé desde abajo.

Veamos este ejemplo: la semana pasada, en redes, circuló un video en donde una mujer campesina se queja de la falta de abono y fertilizante para sus tierras. Quiero que usted lea con cuidado lo que dijo la señora.

«Señor presidente Andrés López Obrador, queremos el apoyo porque tú dijiste que estamos al rayo del sol, los campesinos, y tú dijiste que nosotros te pusimos, como campesinos, y tú dijiste en un reportaje que te podíamos quitar también. A ver, todos estamos sufriendo la misma y ellos quieren el abono, ¿y dónde está? Si no nos mandas el fertilizante, vamos a luchar, vamos a poner plantón y te vamos a sacar. Tú decides, porque también nos quitaste Prospera, nos quitaste todo. ¿Y ahora? ¡Cómo! ¿Quieres que andemos robando?, si tú quieres lo vamos a hacer. Tú decides. Yo soy campesina y soy ama de casa. Necesito el fertilizante, necesito apoyo de ti, como tú necesitaste mi apoyo».

¿Leyó la parte donde dice que van a robar si así lo quiere el presidente? Amenaza con robar a ciudadanos inocentes, como usted, por coraje hacia el jefe del Ejecutivo.

Otro ejemplo: las casetas federales han sido bloqueadas por simpatizantes de los delincuentes de Ayotzinapa y piden una “cooperación voluntaria” a los automovilistas para dejarlos pasar. Están en contra del Gobierno, pero friegan al ciudadano que no tiene la culpa de nada.

Aquí va un tercero: los taxistas en CDMX están enojados con el Gobierno y exigen que se terminen las plataformas que ofrecen servicio de taxi. ¿Qué hacen? Destruyen los autos y golpean a los conductores de plataformas digitales que nada tienen que ver con las decisiones gubernamentales.

¿Cómo podemos pedir al Gobierno que sea decente y justo si la sociedad ataca al compatriota para desquitar su frustración? ¿Por qué enojarnos entre nosotros si el culpable es alguien más? Si no cambiamos nuestra manera de pensar y de actuar, no arreglaremos nada. Exijamos a los responsables y todos saldremos beneficiados. No necesitamos ser amigos, simplemente no seamos enemigos.

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