Le llamé a los míos, y por supuesto acudí a levantar una denuncia, que por cierto en la Agencia contra Delitos Sexuales  de la PJG de la CDMX, me tardaron 11 horas en el proceso para hacer mi denuncia. Fue ahí donde entendí porque en muchos de los casos, las mujeres que sufren cualquier tipo de violencia no denuncian. No denuncian, porque por si no fuera poco, además de ser abusadas sexualmente, violadas, golpeadas -y en muchos casos hasta asesinadas-, también sufrimos violencia, desatención y omisión por parte de las autoridades.

Como muchísimas otras en el país, yo también lo viví.

-Publicidad-

Como ya lo comenté en mi colaboración pasada, entré a revisión del médico legista, hice la declaración y me pidieron detalles que sinceramente no recuerdo, como por ejemplo, su estatura, forma de nariz, boca, voz… esto es muy difícil de hacer, pues en el momento del ataque, en lo único que piensas es en defenderte, en que no te violen o asesinen. Sé que son datos importantes que ayudan a elaborar el retrato hablado para posteriormente, si hay suerte y ganas de las autoridades, dar con el maldito ratero y violador, pero insisto, se hace una eternidad el proceso.

Cuando ingresé con el médico legista, traía marcas en los brazos, pues fueron la consecuencia del forcejeo, pero el médico no las tomó en cuenta como posibles evidencias, pues decía que no eran de cuidado. En ese momento me sentía tan mal física y psicológicamente que lo único que me importaba era irme a mi casa, ver a mi hija y a los míos. Pero cuando puse atención sentada fuera del cubículo de la psicóloga, vi que no era la única. Me sentí doblemente mal, pues frente a mí estaba una señora de aproximadamente 45 años de edad, con  su ropa desgastada, sentada viendo fijamente a la pared, con la mirada perdida y un semblante desolador, fue ahí cuando puse atención a mi alrededor y principalmente en ella, pues me llamó la atención su actitud, pues se veía que ya había llorado demasiado, que está seca de tanto hacerlo.

De repente, se acercaron dos policías a la señora a darle información, cuando escuché lo que le decían, yo me quería morir del coraje, dolor y frustración, pues le comentaban que su pequeña de 18 meses de edad, estaba muy lastimada y que la tenían que trasladar a un hospital para evitar hemorragias. La señora con su mirada perdida, se levantó, agarró su cabeza y dijo que por qué a su niña, si ella no le hace daño a nadie, por qué fue abusada.

Honestamente, deje de preocuparme por mi, no dejaba de pensar en la pequeñita y en su mami, eso era algo inaceptable, difícil de digerir y creer. ¿Cómo un ser humano es capaz de hacer daño a una persona, y peor, a una bebé? Mi rabia creció cuando entre voces escuché que se iba al reclusorio un indigente que había violado a una señora de la tercera edad, empleada de Walmart. En ese momento lloré de impotencia, me sentí muy frustrada, enojada, muy mal. 

Al poco rato me pasaron con la psicóloga. Antes de sentarme, me advirtió que sería mucho el tiempo el que yo estaría con ella, que me veía muy cansada, que si quería terminar rápido con el trámite, mejor me fuera a descansar. Obviamente le dije que me quedaba el tiempo que fuera necesario, que yo quería hablar de lo sucedido, y de nuevo me aventó su letanía. Fue entonces cuando reaccioné y le pregunté, si siempre hacía lo mismo con las mujeres agredidas sexualmente, que si no tenía vocación, que mejor se fuera. Salí de su cubículo y me quejé con ella. En efecto salí después de las 11 de la noche, con la consigna de al otro día asistir al Ministerio Público a rendir y ampliar mi declaración. Sólo les puedo decir que  fue indignante, incluso la agente del Ministerio Público me llegó a decir que si no había inventado todo con fines políticos, pues yo estaba en campaña electoral por el distrito XIII Federal en Iztacalco.

Afortunadamente, soy una mujer que conoce sus derechos y no permito que las autoridades crucen la línea violentando los míos. Recurrí a la Subsecretaria de los Derechos Humanos de la SEGOB, a explicar lo sucedido y amablemente me dieron acompañamiento todo el tiempo; de hecho, cuando acudí a mi segunda cita con la Ministerio Público, el acompañante estuvo presente, y ante él, se procedió como se debe ante mi denuncia.

Saliendo de ese tormento hacia mi casa, mis sentimientos estaban a flor de piel: no sabía si llorar, gritar, o deprimirme, pero en cuanto vi a mi pequeña, el alma regresó a mi cuerpo. Solo di gracias a Dios y a la vida por permitirme ver una vez más a mi hija. Definitivamente no fue un proceso fácil, pues después vinieron las consecuencias: me enfermé, dos semanas duré con sonambulismo, fue muy difícil reponerme, pero jamás dejé de trabajar y mantenerme ocupada, pues como vi que no había reacción de las autoridades, opté por yo buscar las pruebas que ellos no quisieron encontrar. Visité el C5 y desafortunadamente, en la ruta que tomó el ladrón, curiosamente ninguna de las cámaras servía.

Así que fui a dar un recorrido donde me dejó el maldito agresor, y me di cuenta que en la fachada de una empresa, había una cámara que nadie la detectó. Amablemente hablé con el encargado de la fábrica y le expliqué la situación, él se sensibilizó y lo entendió perfectamente, terminó dándome el video donde aparece la imagen de cuando me bajo del taxi, donde fui agredida sexualmente. Llevé las pruebas y me dijeron que no servían porque yo las había llevado, que eso lo tenía que hacer la policía de investigación, así que les dije qué y cómo hacerle para que le dieran el video. 

Al final, resulta que era difícil identificar los números de la placa del taxi, y eso hacía imposible su captura. Así que aún sigue libre, asaltando y violando a sus anchas y con permiso de las autoridades.

Aún sigo en terapia.

No puedo evitar salir a la calle, sin estar volteando para ver si me siguen.

Esto, no es vida.

Daniela Acosta Borquez

Te puede interesar:  Se registra incendio en Av. Chapultepec