Dice el presidente López Obrador, en respuesta a los abogados organizados, que no lo van a callar.

Dice que está intacto su derecho a opinar, a criticar y a decir lo que supone o imagina o piensa.

Y dice que sigue siendo un ciudadano con derechos plenos, a pesar de que es el presidente de los mexicanos.

Y, en general, tiene una porción de la razón. ¿Por qué?

Porque en efecto, el ciudadano López Obrador goza de todos los derechos y libertades que para todo ciudadano consagra la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos.

Sí, el ciudadano Obrador goza de libertades como la de expresión, acceso a la información y derechos como el de réplica, a un juicio justo y a exigir la reparación del daño, cuando es víctima de calumnia y difamación.

Pero resulta que, a su vez, el ciudadano López Obrador también está obligado a cumplir todas las obligaciones que a todas los ciudadanos impone la Carta Magna; obligaciones como la de votar, como opinar siempre y cuando no incurra en difamación, calumnia y daños a terceros, obligaciones como las de pagar impuestos…

Sin embargo, el presidente Andrés Manuel López Obrador, en tanto jefe del Ejecutivo, en tanto depositario del mandato de los mandantes –que somos los ciudadanos–, no puede hacer más que aquello que le ordena, le permite y le mandata la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos.

Por tanto, en la democracia representativa que nos dimos los mexicanos –por mandato constitucional–, el ciudadano López Obrador debe elegir entre los derechos, libertades y obligaciones del ciudadano y/o las obligaciones del mandatario y presidente de todos los mexicanos.

Y es que le guste o no a muchos fanáticos de Obrador, no es lo mismo el ciudadano López Obrador que el presidente López Obrador.

¿Por qué?

Porque en el momento en que el ciudadano López Obrador asume el mandato que le entregaron los mandantes –los ciudadanos–, Obrador pierde buena parte de sus derechos y libertades fundamentales y asume todas las obligaciones del presidente.

Por ejemplo, el presidente López Obrador no puede reclamar el derecho de replica que tiene el ciudadano López Obrador. ¿Por qué?

Porque –con todo respeto para los católicos–, López Obrador no es “El Espíritu Santo”.

Y es que en su papel de presidente, Obrador es la mayor autoridad del país y, por tanto, está obligado a respetar los derechos y a garantizar las libertades de los ciudadanos todos; derechos y libertades que él mismo perdió porque no es un ciudadano común y corriente.

¿Y, entonces si López Obrador no es un ciudadano común y corriente, qué es?

Casi nada, López Obrador el mandatario, aquel que fue elegido por una mayoría de ciudadanos –que le otorgaron el mandato de presidente–, para representarlos a todo, para velar por los intereses de todos, por el bien colectivo de todos.

Y en tanto presidente producto de una elección Constitucional, legal, reconocida por todos, López Obrador es depositario del mandato de la mayoría de ciudadanos y es el responsable de conducir la economía, la seguridad, al salud, el bienestar y los destinos de esa mayoría ciudadana…

Y, por tanto, no es lo mismo el presidente López Obrador que el ciudadano López Obrador.

El presidente está obligado a velar por el bienestar de los ciudadanos; es el responsable de que las leyes los protejan, de que las políticas pública los beneficien…

Pero sobre todo, el presidente es el responsable de respetar la Constitución y las leyes que de ella emanan. Ese fue el mayor compromiso que contrajo al convertirse en presidente.

Y hoy, el ciudadano Obrador puede decir misa, pero antes que nada debe respetar la Ley Suprema y sus leyes.

Por eso, López Obrador debe entender que los mexicanos reclaman un presidente, antes que un fantoche.

¡Presidente, asuma su responsabilidad, necesitamos un presidente, antes que un fantoche!

Se los dije.