Lejos de la abrumadora atención que se le presta al Congreso federal y a las leyes que luego van a los legislativos locales para su discusión y eventual aprobación, hay todo un mundo de reclamos y exigencias en torno, precisamente, a los congresos estatales y a los abusos y excesos de los diputados de las 32 entidades de nuestro país.

Desde que nuestro país experimentó la alternancia en la presidencia y en los poderes legislativos -federal y estatales-, uno de los deseos de todos aquellos que empujaron esos cambios fundamentales, era que los congresos estatales sirvieran de contrapeso real a los gobernadores que se comportaban como verdaderos virreyes.

Sin embargo, con el paso del tiempo el golpe de la realidad desilusionó a no pocos creyentes de la democracia. Y es que por años, las mismas prácticas cuestionables que vimos en las cámaras de Senadores y Diputados -nula transparencia y rendición de cuentas, turismo legislativo, exceso de comisiones que costaban millones y un largo etcétera- se repitieron en los congresos de los entonces 31 estados y el extinto Distrito Federal.

En algunos casos, los excesos fueron rebasados y el escarnio público a diputados locales del estado que usted guste sirvió para que uno que otro pagara sus culpas políticas. Pero como siempre sucede, otros fueron premiados por su habilidad para las trapacerías y llegaron hasta el Congreso de la Unión.

Ahora cabe recordar que durante el proceso electoral pasado, una de las promesas de Morena -el nuevo partido oficialista- era la de terminar con ese tipo de abusos y viejas prácticas que, según sus palabras, “solo eran consumadas por los mismos de siempre”, pero que con ellos todo iba cambiar.

No obstante, basta dar una rápida revisada a la prensa de los estados del país, para ver que las cosas no solo no han cambiado, sino que algunas entidades, todo empeoró.

Estos son algunos de los encabezados, de los últimos días, en la fuente legislativa en distintos estados: “Descuentan dietas a diputados que abandonaron sesión en Sinaloa” (Línea Directa); “Portillo reconoce reembolsos y reparte culpas entre todos los diputados” (Quadratín Michoacán); “Reprueban perdón de diputados a corrupción” (El Diario de Chihuahua); “Diputados no le entran a la transparencia; sólo 8 de 50 hicieron públicas sus propiedades” (Diario de Xalapa). Y la lista sigue y sigue.

Todo lo anterior ha sido denunciado por especialistas y estudiosos en el tema legislativo, quienes ven esas malas prácticas como el gran ejemplo de que las transformaciones que algunos prometen pasan por el respeto de los políticos locales a su encargo.

Por esa razón, dicen los expertos, el descrédito a los políticos, pero sobretodo a los diputados va en aumento, por más cambios que se prometen de dientes para afuera.

*
En estos tiempos de conflictos políticos, diplomáticos y comerciales, es válido buscar refugio en las palabras del escritor ruso Antón Chéjov. En una de sus cartas (vale citarla ahora que se han puesto de moda otra vez) el genio del relato corto se confiesa:

«Lo más sagrado para mí es el cuerpo del hombre, su salud, su talento, su inspiración, su inteligencia, su amor y su libertad, su independencia ante el poder y la mentira… No soy liberal, ni clerical, ni indiferente. ¡Odio la mentira y la violencia en cualquier de sus formas!»