La sorpresa fue general.

Incrédulos, propios y extraños saludaron como positivo que un político veterano, como Porfirio Muñoz Ledo, haya sido el único con agallas para cuestionar el entreguismo de México frente a Estados Unidos.

Y es que hasta hoy, Muñoz Ledo ha sido el único político y el único legislador del partido Morena que se atreve a decirle “pan al pan y vino al vino”.

El único que cuestionó –de manera pública–, el uso de la Guardia Nacional para contener a los migrantes que vienen del sur del continente; el único que dijo que se trataba del “muro de Trump”.

El único que alertó sobre el riesgo de violentar la soberanía nacional;

El único que cuestionó la invasión de funciones del preferido de Palacio y, sobre todo, Muñoz Ledo fue el único que criticó puntual la concentración descomunal de poder en el ilegal vicepresidente mexicano.

Muñoz Ledo fue el único que le dijo a Marcelo Ebrard –en su cara y de cara al Congreso mexicano–, que es nocivo para la salud de la debilitada democracia mexicana, que un sólo hombre tenga tal poder.

“No es sano que lo estén inflando tanto, porque lo van a reventar”, le dijo Muñoz Ledo a Marcelo Ebrard, convertido en vicepresidente de facto, en la dictadura en que se ha convertido el gobierno de Obrador.

¿Es una dictadura el gobierno de Obrador?

En efecto, están a la vista de todos las señales de que vivimos en el país de un solo hombre; un gobierno que ha sometido no sólo al Poder Legislativo sino a buena parte del Poder Judicial y que tiene bajo su puño a gobernadores y empresarios. Sólo basta ver la grosera muestra dictatorial de Durango, en donde en votación a mano alzada tiró una obra estatal; el Metrobús.

Lo simpático del tema es que si bien muchos se dijeron sorprendidos por la reacción impensable de Muñoz Ledo, también es cierto que pocos –si no es que nadie–, reparó en que la reacción del veterano legislador debiera ser una respuesta natural en un Estado realmente democrático, con división de poderes, libertar de expresión y pluralidad vigente.

Sin embargo, pocos se han percatado que “el garbanzo de a libra” que vemos en la reacción de Muñoz Ledo “no es la rebelión de los floreros” sino la confirmación de que –sin darnos cuenta–, ya somos la dictadura de un solo hombre; que al mismo tiempo es presidente y jefe del Congreso; dueño del partido hegemónico, pastor del rebaño de gobernadores de todos los partidos y –por si fuera poco–, fiscal de todos los mexicanos; aquel que ejecuta a su antojo una “chabacana” concepción de justicia mediática.

López Obrador ya cree y actúa como un dictador más, de los muchos que la naciente democracia mexicana cuestionó por décadas; un dictador que además vivirá como un rey, en el Palacio del Virreinato; en Palacio Nacional.

Lo cierto es que cuando nos sorprende que un legislador –del rebaño de borregos de Morena que se dicen diputados y senadores–, se atreve a cuestionar al gobierno de López Obrador, es porque ya nos acostumbramos a que el único que manda, dice y dicta es López Obrador; el dictador de México.

  Es decir, hoy nos parece extraordinario lo que debiera ser ordinario en democracia; que un legislador –perteneciente a un poder equilibrador e independiente como debe ser el Congreso–, cuestione a otro poder, como el Ejecutivo.

Por décadas, los opositores del PAN y del PRD cuestionaron la ausencia de división de poderes; la sumisión del Poder Legislativo al Ejecutivo y la sumisión de diputados y senadores a los deseos del presidentes en turno.

Hoy, el gobierno de Obrador –un dizque gobierno de izquierda–, se ha convertido en todo aquello que por décadas cuestionó la izquierda; el gobierno de un solo hombre, de un solo partido y remedo de la dictadura perfecta.

En el fondo, resulta una vergüenza para la clase política toda y para todos los partidos –para la democracia mexicana toda–, que la rebelión de Muñoz Ledo sea la de un solo hombre; es  penoso que un solo diputado de Morena tenga las agallas para enfrentar al poder absoluto del dictador.

¿Dónde están todo los floreros que nacieron y crecieron en las filas y la doctrina de izquierda y que hoy son remedo de lo más rancio del PRI?

¡Cuánta razón tenía José Emilio Pacheco! “De viejos son todo lo que cuestionaron a los 20”.

Se los dije.